Opinión

Golpeados desigualmente por los vaivenes económicos

Carles-Murillo-(Pompeu-Fabra)

Carles Murillo
Orla-Universidad Pompeu Fabra.
Miembro del consejo editorial de Moneda Única.


 
El comercio de bienes y
la inversión extranjera
siguen siendo dos pilares
en los que fundamentar
el crecimiento económico

Los ciclos económicos empezaron a estudiarse después del tremendo efecto del crash de 1929. La búsqueda de razones sólidas que permitieran explicar lo ocurrido y anticipar sucesos venideros ocupó, desde entonces, buena parte de la literatura económica tanto en el mundo académico como el ámbito de la divulgación del conocimiento. La situación actual en la que viven la mayor parte de las economías del mundo ha resucitado el interés por esta temática enfrascada en atribuir las causas a las malas prácticas en los mercados financieros y al exceso en los consumos en detrimento del ahorro y la inversión. Un elemento diferenciador en el objeto de las aproximaciones de los analistas es la diferente repercusión de la crisis económica entre sectores económicos y entre zonas geográficas. Los resultados parecen bastante evidentes cuando se refieren a los países emergentes en relación con los devastadores efectos de la crisis en los EE.UU. y en Europa, en especial por lo que se refiere a la tasa de desempleo y el momento de inicio de tan esperada recuperación.

Los datos correspondientes al cuarto trimestre del 2008 y primero del 2009 muestran una relación muy distante de la regularidad estadística observada en los últimos años por lo que concierne a las variaciones del PIB y del comercio en el mundo. El comercio exterior ha sido uno de los grandes damnificados por el vendaval de la crisis y, además, ha presentado puntos extremadamente críticos en el pasado reciente que parecen, sin embargo, superados a la luz de las últimas cifras.

El impacto de la recesión económica ha sido, por el momento, más ligera en América Latina que en otras regiones y, especialmente, Europa. Las previsiones apuntan la recuperación y, como respuesta preventiva, los bancos centrales de algunos países latinoamericanos han elevado los tipos de interés y adquirido moneda norteamericana para defenderse de repuntes inflacionistas. Los esfuerzos para reforzar el entramado institucional y financiero, junto con el acierto de muchas de sus políticas macroeconómicas, apuntalando la estabilidad y favoreciendo la presencia en los mercados exteriores, son algunas de las señales que nos llegan desde América Latina que vuelve a recibir inversión extranjera como síntoma inequívoco de algún cambio favorable para el resurgimiento de sus economías más importantes.

Otro de los elementos que, a mi juicio, sostiene buena parte de la resistencia de los países de la región frente a la caída de la actividad comercial en el mundo, es la mejora de las condiciones para el mejor desempeño de los negocios electrónicos. Un reciente estudio de AméricaEconomía Intelligence revela una disminución del diferencial con respecto a los países más desarrollados, que se concreta especialmente en lo ocurrido en los últimos años. El citado estudio construye un índice de e-Readiness que sintetiza la capacidad de un país para hacer que internet sea un canal de venta efectivo. Este índice es el resultado de la agregación de indicadores diversos que tienen en cuenta la infraestructura tecnológica, la penetración de los medios de pago, la fortaleza de la oferta y la velocidad de propagación de las nuevas tecnologías entre los consumidores. El valor de este índice para el conjunto de América Latina es de 0,62 puntos, cifra que supone un aumento del 47,6% en relación con la cifra de este mismo índice en apenas cuatro años. El valor del índice e-Readiness para España, según esta misma fuente, es igual a 1,00, mientras que los EE.UU, presentan un valor igual a 2,12.

Los valores del mencionado índice se distribuyen de forma desigual entre los países latinoamericanos. Brasil (0,95), Chile (0,63), México (0,53), Puerto Rico (0,50) y Uruguay (0,48) ocupan el top-five de la región. Con la salvedad de Perú (0,34), Colombia (0,36) y la República Dominicana (0,31) existe una asociación positiva entre los valores del índice e-Readiness y el desempeño económico que no parece que pueda atribuirse a una simple circunstancia anecdótica sino más bien a la consecuencia de políticas decididas en materia de incorporación de la tecnología en el mundo de los negocios. La llegada de IED a la región debería encaminarse hacia actividades con mayor potencial de crecimiento de la productividad y el desarrollo económico. La capacidad de las empresas para absorber el resultado de los esfuerzos en I+D+i depende, sin embargo, de su propio esfuerzo investigador pero también de la calidad de su capital humano (experiencia técnica, know-how y formación continua, como señala Vinding, entre otros). La mayor propensión exportadora está asociada a más capacidad de absorción de la innovación, según un reciente estudio publicado en el Boletín Económico del Banco de España.

La mayor parte de los países tienen, sin embargo, asignaturas pendientes que merecen actuaciones urgentes. La penetración de la telefonía móvil no resulta ser un tema prioritario para acortar distancias con los más avanzados (Argentina, Guatemala, Honduras, Panamá, Puerto Rico, Paraguay, El Salvador y Uruguay tienen tasas superiores a las de España). En cambio, por lo que respecta a las infraestructuras la penetración de la banda ancha tiene un largo camino todavía por recorrer. Si el crecimiento experimentado en los últimos años se extiende a tasas de variación equivalentes en el futuro, América Latina tan solo alcanzaría los valores actuales de España en 20 años y necesitaría 35 años para situarse en el punto en que está EE.UU. hoy en día. El diferencial tecnológico es mayor en el apartado de la penetración de telefonía con acceso a internet de banda ancha móvil (el 2% frente al 11,3% en España y 14,6% en EE.UU., a pesar de que existen excepciones como es el caso, por ejemplo, de Puerto Rico y Uruguay que están con tasas muy cercanas al 5%). Otro elemento importante relativo al acceso es el de su elevado coste.

El uso de la información en las páginas web de las empresas (fabricantes y distribuidores) sigue siendo reducido, en relación con el tráfico de personas en los establecimientos. De todos modos, las diferencias son, en este capítulo, abismales: de una muestra de operadores de comercio detallista realizada en el estudio de referencia, la submuestra de operadores brasileños permite estimar una tasa de casi 500 páginas visitadas por cada 1.000 dólares en ventas, mientras que en la estimación para los operadores argentinos esta relación apenas alcanza 2 páginas por la misma cifra de ventas totales. Por lo que respecta a los medios de pago electrónicos se aprecia, en general, un uso extendido de las tarjetas de débito y de crédito, aunque no siempre se utilizan para las operaciones comerciales, especialmente en el caso de las tarjetas de débito. La percepción de mayores costes en el bolsillo de los comerciantes por el uso de este medio de pago frena su generalización en detrimento de una mayor agilidad en las operaciones comerciales.

El comercio de bienes y la inversión extranjera siguen siendo dos pilares en los que fundamentar el crecimiento económico y la propagación de las buenas prácticas económicas. El resto del guión corresponde a los agentes económicos implicados, gobiernos y empresas cuya diferente capilaridad para absorber los beneficios del intercambio les facilitará en mayor, o menor, medida su respectiva plataforma de recuperación económica.

Carles Murillo
Orla-Universidad Pompeu Fabra.
Miembro del consejo editorial de Moneda Única.

 

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