Opinión

El accidente de la exportación: ¿pinchazo o avería?

José-María-Triper

José María Triper
Corresponsal económico de elEconomista.


Aunque es verdad que el dato de un sólo mes no marca tendencia, la caída nominal del 2,2 por cinto en nuestras exportaciones de noviembre sí debe servir para dar un toque de atención y para evitar que el pinchazo puntual pueda convertirse en el principio de una involución en el, hasta ahora, brillante recorrido de nuestro sector exterior y especialmente de nuestras ventas en los mercados internacionales.

Porque, a pesar de que en el dato de noviembre confluyen una caída del 1,3 por ciento en los precios y factores estacionales, lo cierto es que este retroceso exportador viene precedido por una evidente desaceleración en las tasas de crecimiento registradas desde el inicio del segundo semestre del año 2013, con la excepción sola de septiembre, y se enmarcan en el contexto de debilidad que atraviesan las economías de la zona euro, a dónde se dirigen todavía el 49 por ciento del total de las ventas españolas fuera de nuestras fronteras.

Los descensos del 6,4 por ciento en Francia y del 7 por ciento en Alemania, nuestros dos primeros clientes en el mundo y destino de más de la cuarta parte de nuestra exportación total, obligan a acelerar con urgencia los procesos de diversificación y apertura de mercados más allá de los confines de la Unión. Sobre todo cuando el ajuste de 50.000 millones de euros anunciado por el presidente Hollande en el país vecino parece aventurar que la recuperación del mercado galo no se espera a corto plazo.

Por otra parte, hay que tener en cuenta que esta especie de boom exportador que en los dos últimos años ha sido uno de los motores, junto al turismo, que ha permitido mantener a flote el buque de la economía patria se ha sustentado en buena parte sobre una mejora de la competitividad vía precio, consecuencia de la caída de los costes de producción, fundamentalmente los salariales.

Una devaluación interna que ha convertido a España en un país más pobre y más barato, siendo este también otro de los factores clave en el espectacular crecimiento de las inversiones extranjeras. Porque, más allá de una recuperación de la estabilidad y la confianza, España se ha convertido para el capital foráneo en un mercado de empresas con precios a la baja y salarios decrecientes, mientras que la lacra de seis millones de parados, el abaratamiento en el coste y la condiciones del despido y el desprestigio sindical han reducido la conflictividad laboral a la mínima expresión.

Claro que el actual modelo de competitividad vía precio, más propio de países emergentes que del mundo desarrollado al que pertenecemos, no puede mantenerse permanentemente y sólo la inversión en tecnología, calidad, diseño y marca, además del aumento de nuestra base exportadora son el seguro de continuidad de nuestra posición competitiva en el mundo global a medio plazo. Ese es el reto y eso es lo que se espera ahora de las administraciones, además de sensatez para garantizar la unidad de mercado y la estabilidad jurídica.

José María Triper
Corresponsal económico de elEconomista.

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