Presidente del Club de Exportadores e Inversores Españoles.

La política fiscal penaliza la competitividad de nuestras empresas en el exterior

Acaba de ser reelegido como presidente del Club de Exportadores e Inversores Españoles, la entidad de la que es promotor y que dirige desde su fundación desde 1997. Presidente también de Nova Internacional y de Anthelex Internacional, Balbino Prieto es además vicepresidente de la Confederación Europea de Asociaciones de Comercio Exterior (CITHA). Su objetivo ahora es consolidar el Club como “el principal referente de la internacionalización empresarial en España”.

¿Cuáles son los retos que se ha marcado para esta nueva etapa al frente del Club?

Seguir apoyando el proceso de internacionalización de las empresas españolas en su conjunto. Desde el Club vamos a trabajar para que el apoyo al sector exterior sea una política de estado en España y, en definitiva, mantener al Club como el organismo de referencia de la internacionalización empresarial.

Demanda que la internacionalización se convierta en una política de Estado, ¿Qué supone y cómo debería realizarse?

Una política de estado supone, en primer lugar, la coordinación de todos los ministerios que afectan al sector exterior, que son casi todas la carteras del Gobierno, porque esto es algo que ahora se hecha en falta teniendo en cuenta que somos el segundo país exportador de la Unión Europea y que si los ingresos por turismo representan el 6 por ciento del PIB español el sector exportador aporta un 34 por ciento. Por eso hay que darle la importancia que merece. Importante es también que la internacionalización debería incluirse como asignatura troncal en los estudios de economía, tanto en las universidades como en las escuelas de negocio.

¿Considera que hay falta de sensibilidad y de eficacia en las políticas de apoyo a la internacionalización?

Si. Sobre todo porque del crecimiento del sector exterior va a depender el futuro del Estado de Bienestar porque la economía para seguir creciendo sólo puede hacerlo a través del sector exterior ya que la demanda interna tiene una capacidad de crecimiento muy limitada. Por eso pedimos una mayor coordinación especialmente entre los departamentos de Economía, de Comercio y de Hacienda, porque unas políticas fiscal y de financiación adecuadas significaría más riqueza y más puestos de trabajo.

¿Qué es lo que hecha en falta en materia de fiscalidad?

Fundamentalmente apoyar a las empresas en toda su actividad internacional. Un tratamiento fiscal adecuado al establecimiento de filiales, deducciones para los gastos en el exterior porque las empresas internacionalizadas se ven obligadas a subcontratar, y también mejorar la fiscalidad de los expatriados. Todo ello respetando siempre las normas de la Unión Europea, pero sin ser más restrictivos.

Este tratamiento fiscal inadecuado ¿está penalizando la competitividad de nuestras empresas en el exterior?

Sin duda. Porque como no sabemos el tratamiento fiscal que vamos a tener nos encontramos en un estado de inquietud que nos perjudica a la hora de presentar las ofertas. Además, las políticas fiscales en España cada vez son más restrictivas respecto al tratamiento impositivo de las filiales y eso está creando incertidumbre.

En la reciente Cumbre de la Internacionalización se resaltó que el crecimiento internacional de los próximos años vendrá más por la entrada en nuevos mercados que por la captación de nuevos clientes. ¿Cuáles son los principales mercados de oportunidad para nuestras empresas?

Sin duda los mercados asiáticos y de África que son donde la empresa española está hoy menos presente. Los empresarios deben saber combinar su presencia en los mercados maduros con los emergentes. Hay que mantener ese equilibrio para minimizar los riesgos. En los mercados maduros los márgenes son menores pero la seguridad es mayor, mientras que en los mercados emergentes los beneficios son mayores pero también es mayor el riesgo.

Y, ¿qué sectores españoles son los de mayor potencia en los mercados africanos?

España es una potencia en los sectores de  infraestructuras, alimentación y salud que hoy son prioritarios en África y los fondos del Banco Africano de Desarrollo, la Unión Europea y los fondos islámicos van orientados hacia esos tres sectores. El sector agroalimentario es el que más está creciendo en los últimos años en ese continente.

¿Qué habría que cambiar en las políticas de cooperación y hasta qué punto la Ley de Deuda es un obstáculo a la expansión exterior de nuestras empresas?

En primer lugar hay que decir que la Ley de Deuda es obsoleta. Ya cuando se hizo tenía grandes carencias y lamentablemente no se ha cambiado cuando hoy los países con gran tradición en cooperación al desarrollo conciben la cooperación como una punta de lanza para sus empresas, de forma que resuelven graves problemas en los países receptores y, al mismo tiempo, ayudan a sus empresas a crecer, a posicionarse en esos mercados y a crear puestos de trabajo. En España esto no es así. Los empresarios hemos estado alejados de la cooperación y no por voluntad de las empresas, sino porque políticamente se ha optado porque la política de cooperación la desarrollen las ONGs que siempre han preferido trabajar con empresas de otros países antes que con las españolas. Sólo un dato, entre 2004 y 20011 España dedicó 38.000 millones de euros a cooperación y la participación empresarial ha sido prácticamente nula.

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