Opinión

Del fanatismo secesionista al abismo económico

José-María-Triper

José María Triper.
Director de Comunicación de CESCE.


El riesgo de escribir con antelación es que a veces la precipitación de los acontecimientos puede superar al contenido de los textos, pero en este caso bien vale arriesgarse porque si lo que aquí se dice no ocurre, y ojalá no ocurra, si sirve de advertencia para conocer las consecuencias de llevar al límite los fanatismos y la vesanía.

Decía ese gran escritor y gran vasco que fue Don Pio Baroja que “el carlismo se cura leyendo y el nacionalismo viajando”. Pues bien, en esta demencia independentistas que hoy sacude a una parte de los catalanes, que no a la mayoría, incluyendo a los sátrapas que dirigen sus instituciones, parece ser que no hay vacuna que cure su fanatismo irracional, porque viajar me consta que si viajan o han viajado, algunos; aunque leer dudo mucho que lo hagan y si lo hacen o no entienden o no lo quieren entender.

Porque si leyeran y entendieran lo que leen, deberían haberse dado cuenta del gravísimo daño que su locura está llevando a España y, sobre todo a Cataluña y a esos ciudadanos catalanes a los que deberían defender y a los que no sólo han dividido sin que están abocando inexorablemente a una confrontación civil en la comunidad, al aislamiento y al empobrecimiento.

Un fanatismo irracional que ya está teniendo consecuencias a nivel nacional en las caídas de la Bolsa española, la subida de la prima riesgo y el encarecimiento del coste de la deuda; pero que en el caso de Cataluña está colocando a la que era la región más próspera de España en el borde de la recesión y en el camino de un desierto industrial y productivo.

Y no estamos hablando de advertencias, demagogias o amenazas. Además del hasta el momento casi millar de empresas que han huido ya de Cataluña, y que son sólo “un aperitivo” como ha dicho el ministro Luis de Guindos, los números que como el algodón no engañan, y en este caso además son del Idescat, el INE Catalán, muestran ya como el pasado mes de septiembre la demanda eléctrica en la industria catalana cayó un 0,8 por ciento, y un 0,2 por ciento en el total cuando en el mismo mes del año pasado había crecido un 5 por ciento y en el conjunto de España continuaba creciendo un 2,2 por ciento.

De igual forma y en el mismo mes, la matriculación de vehículos se hundía cayendo un 5,7 por ciento en esa comunidad frente a la subida del 3,1 por ciento en el resto del Estado. En la misma forma en el Turismo las reservas hoteleras en Cataluña habían caído un 20 por ciento desde el uno de octubre y la asociación empresarial Exceltur cifraba en 1.200 millones de euros las pérdidas para el turismo catalán si persiste la caída de reservas. Retroceso que se registra igualmente en las ventas del comercio minorista con un descenso medio del 10 por ciento desde el 1-O y en progresión de caída libre.

Pero los datos más alarmantes vienen de la inversión extranjera, que mientras crecía un 12,7 por ciento en el total de España, retrocedía un 10,2 por ciento en Cataluña con descenso del 21 por ciento en la industria manufacturera y del 46,7 por ciento en el comercio. Cifras estas que han obligado ya al Gobierno a empeorar las previsiones de crecimiento, empleo y déficit para 2018, mientras que la AIREF, la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal prevé un impacto de 12.000 millones en la economía patria si persiste la inestabilidad en Cataluña.

Cifra ésta que puede quedarse corta si tenemos en cuenta que, con datos de 2016 Cataluña concentra el 18,9 por ciento del PIB español y si como predicen las agencias internacionales de calificación pasa de un crecimiento del 3 por ciento anual a un cero por ciento, eso implicaría una caída de entre 6 o 7 décimas en la economía española, o lo que es lo mismo de más de 55.000 millones de euros que restarían una muy importante cantidad de gasolina al motor del crecimiento. Y a menor crecimiento, ya se sabe, menos empleo, menor recaudación fiscal, caída consiguiente de ingresos y más déficit.

Y esto no es teoría. Son números, datos contables y pérdidas de dinero y bienestar que pagaremos todos, especialmente y en mucha mayor medida los ciudadanos catalanes que quedarían fuera de Europa y el limbo porque nadie, absolutamente nadie en la comunidad internacional reconocería el nuevo estado. Pero ya se sabe que no hay peor sordo que él no quiere oír ni peor ciego que el que no quiere ver. Y a estos lunáticos del PdeCat, ERC y la CUP les ciega tanto el fanatismo que les impide ver el abismo sin retorno al que quieren arrojar a Cataluña y a sus gentes.

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