José María Triper
Director de Comunicación de CESCE.


La frase la pronunciaba María de Lourdes Vale, coordinadora del equipo de turismo de Portugal en Madrid. Y lo hacía durante la sexta edición de la Feria de Negocios IMEX Andalucía que tenía este año a Portugal como país invitado. Y, con estas palabras la representante portuguesa pretendía impulsar los acuerdos de cooperación y colaboración en materia económica, comercial, industrial, tecnológica, turísticos y de inversión entre los dos países ibéricos. Dos realidades políticamente distintas, y también en la concepción de muchos ciudadanos de ambos lados de la “Raya”, pero que para el resto del mundo y, sobre todo para las multinacionales, son uno e indivisible, el mercado ibérico.

Parece oportuno recordar a los dirigentes políticos y a los empresarios la necesidad de revitalizar ese Mercado Ibérico, cuyo desarrollo es hoy muy inferior a su enorme potencial, en parte por una antigua atonía o falta de decisión política.

Portugal es hoy un país en alza. La economía portuguesa crece por encima de la media de la Unión Europea y de la UE. Después de haber aumentado el 2,7 por ciento en 2017 las previsiones del FMI y de los principales organismos internacionales estiman que el PIB de Portugal crecerá un 2,3 por ciento en 2018 y el 1,7 y 1,9 por ciento en 2019 y 2010, respectivamente. Un crecimiento que estará sostenido por el fuerte dinamismo de las exportaciones de bienes y servicios, de la inversión y por el repunte del consumo privado.

Además, los déficits presupuestarios están en mínimos de los últimos cuarenta años, mientras que la balanza de pagos por cuenta corriente se ha mantenido en superávit durante el último sexenio.

En este contexto, la agencia de calificación crediticia Moody’s ha mejorado en un escalón la calificación de la deuda soberana de Portugal, de “Ba1” a “Baa3” con perspectiva estable, y la retiró del nivel de “bono basura”, como ya habían hecho anteriormente Fitch y Standard and Poor’s (S&P). La agencia explica que su decisión se debe principalmente a la tendencia de descenso sostenible de la deuda pública, con riesgos limitados de que sea revertida. En concreto Moody’s espera que la deuda pública de Portugal caiga hasta el 116 por ciento del PIB en 2021 frente al 124,7 por ciento del cierre de 2017 y considera que su tendencia de descenso se mantendrá relativamente robusta ante los riesgos más probables, incluido un aumento de las tasas de interés.

Portugal es, pues, un mercado fiable y atractivo, amén de cercano con enormes posibilidades para las pymes, la asignatura pendiente en la internacionalización de ambos países ibéricos, al tiempo que se configura como una plataforma de lanzamiento hacia los mercados africanos de Angola, Mozambique, Guinea Bissau, Cabo Verde o Santo Tomé y Príncipe. Además las empresas españolas pueden contar para sus negocios en el país vecino con los instrumentos financieros con apoyo oficial, de los que desde hace más de cuarenta años forma parte CESCE como cabecera de un grupo de empresas que ofrece soluciones integrales para la gestión del crédito comercial en parte de Europa y Latinoamérica y que tiene una filial en Portugal.

Para la muestra, un dato: el 7,16 por ciento de las exportaciones impulsadas desde España tiene como destino Portugal, más que a toda América Latina y son más de 2.200 las empresas españolas que trabajan ya en el país vecino. Una relación económica cada vez más estrecha, lejos de históricas disputas, y con propuestas de acercamiento hacia esa Comunidad Ibérica de Naciones, como socios iguales hacia un mismo y más prometedor destino.

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