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La productividad española cae un 10,5% desde 1995 frente al crecimiento del 4,5% de la UE

La productividad española cae un 10,5% desde 1995 frente al crecimiento del 4,5% de la UE

Según un estudio de BBVA, una de las principales fuentes del crecimiento económico es la productividad, de forma que si los países quieren prosperar y alcanzar un mayor nivel de bienestar a largo plazo (PIB por habitante), tienen que focalizar sus esfuerzos en invertir en las variables que determinan la productividad como son la educación, el I+D+i o las infraestructuras. Para aumentar el potencial de crecimiento a largo plazo de una economía es necesario incrementar la productividad, y es en este terreno en el que adquieren protagonismo las reformas estructurales, que son aquellas que actúan por el lado de la oferta.

El indicador que refleja la eficiencia con la que se utilizan de forma conjunta el empleo y el stock de capital (maquinaria, equipos, infraestructuras, etc.) en el proceso productivo es la Productividad Total de los Factores (PTF). En base a la estimación que realiza The Conference Board (organización y think tank mundial de investigación que estima la PTF teniendo en cuenta la calidad del empleo y el capital TIC), la economía española presenta un problema estructural de productividad, ya que la PTF de 2017 (último dato disponible) es un 10,5% inferior a la de 1995. Esta pérdida de productividad contrasta con una ganancia del 4,5% en la UE-28 y del 1,4% en la eurozona, y mucho más con respecto a países como Alemania (8,5%) o Estados Unidos (9,2%). En las otras dos grandes economías europeas, la evolución de Francia contrasta con la de Italia, ya que en la primera la PTF ha aumentado un 2,2%, mientras que en la segunda ha caído un 9,7%.

La evolución temporal en un periodo tan largo permite analizar si ha habido diferencias a lo largo de las distintas fases del ciclo económico. Desde mediados de la década de los 90 y hasta 2014, España experimentó de forma continua pérdidas de productividad, con una caída acumulada del 12,5%. Así, la PTF cayó tras la entrada en el euro y durante los años de expansión, y siguió cayendo en los años de crisis. Ha habido que esperar a la recuperación reciente de la economía para observar ganancias de productividad, con un aumento de la PTF de 2014 a 2017 del 2,7%. Con este balance, la PTF es en 2017 un 10,5% inferior a la de 1995, un 7,5% menor a la de 2000 y un 2,5% también inferior a la de 2008.

La visión que se desprende en términos de productividad del trabajo también arroja bajos resultados en la evolución de España en el contexto internacional. Así, mientras que de 1995 a 2018 la productividad por hora trabajada ha aumentado en España un 17,5%, en la eurozona el crecimiento ha sido del 30,7%, siendo aún mayor en la UE (37,1%) y Estados Unidos (46,5%). Esta evolución implica que España se haya alejado del nivel de productividad de otras economías más desarrolladas. Si tomamos como referencia la Unión Económica y Monetaria (UEM), en la actualidad la productividad del trabajo de la economía española es un 18,7% inferior, cuando en 1995 la brecha era la mitad (9,6%). Si tomamos como referencia la UE, también se ha producido un proceso de divergencia, ya que en 1995 nuestra productividad por hora trabajada era un 14,5% superior y en la actualidad un 1,9% inferior. Fue en los años de expansión hasta 2008 cuando España se alejó de los niveles de productividad de otras áreas/países más desarrollados, hasta situarse un 20,7% por debajo de la UEM.

Los bajos resultados conseguidos por la economía española en términos de productividad afectan a su capacidad para converger a los niveles de renta por habitante de los países más desarrollados. Así, si nos comparamos por ejemplo con la eurozona, la brecha que nos separa en 2018 solo se ha estrechado en 2,7 puntos porcentuales (pp) desde 1995. De 1995 a 2005, coincidiendo en unos años con la entrada en el euro, España convergió a la renta por habitante de los socios de la UEM, situándose en 2005 nuestro PIB per cápita un 14,7% por debajo de la eurozona (por lo que redujo la brecha en 7,1 pp en comparación con 1995). Pero la crisis ha sido más intensa en España y en 2013 se alcanzó el mayor diferencial con la eurozona (23,1 pp). Gracias a que la recuperación también ha sido más intensa en España en los últimos años, la brecha se ha reducido a 19,2 pp en 2018. En consecuencia, si bien un español es en la actualidad un 40,4% más rico en términos reales que en 1995, sigue siendo más pobre que un ciudadano medio de la UEM, en concreto, un 19,2% más.

La explicación de la baja productividad de la economía española hay que buscarla en el menor esfuerzo inversor en sus variables determinantes. Uno de ellos es el esfuerzo inversor en I+D, cuyo peso en el PIB es un 45% inferior al de la UEM (1,2% vs 2,17%) y se sitúa por debajo del de las principales economías europeas. Otro es la inversión en educación, que sitúa nuestro stock de capital humano, un 4% por debajo de la eurozona. También nuestra posición se sitúa por debajo de la UEM en capital público, con un stock por habitante un 5,2% inferior.

En resumen, España tiene un problema de baja productividad que dificulta alcanzar un mayor nivel de bienestar material. Para acortar la brecha que nos separa del PIB per cápita de otras economías más ricas, es necesario reducir el diferencial que también nos separa en términos de productividad, lo que exige un mayor esfuerzo inversor en sus determinantes (I+D, educación, capital público, etc.) y crear buenas condiciones para el desarrollo de la actividad productiva (marco institucional y regulatorio). Es en este ámbito de la productividad donde adquieren especial importancia las reformas estructurales, que son aquellas que actúan por el lado de la oferta y que afectan al potencial de crecimiento de la economía. Los beneficios de las mejoras de productividad son enormes y exigen adoptar estrategias de largo plazo que afectan a variables tan importantes como la creación de empleo, la competitividad y el nivel de vida de la población.

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