Director general de AMEC.

“Hay que incentivar fiscalmente a las empresas que innovan y exportan regularmente”

Si el sector exterior de España quiere consolidarse como motor de la economía patria se ha de nutrir de anticipación, flexibilidad, adaptación y trabajo en equipo. Esta es la síntesis de la hora y veinte minutos de conversación con Joan Tristany, director general de AMEC, que insiste en que “no se puede actuar sin haber observado antes”. Bajo esta premisa, la patronal española de las empresas industriales internacionalizadas, se impuso en 2017 una autoexigencia: crear un nuevo modelo en el que menos sea más. Es decir, “aportamos menos contactos a las empresas en destino pero son más eficientes, con el objetivo final de que las operaciones se consoliden en el largo plazo”. Además, AMEC quiere convertirse en “los ojos de la Administración”, haciendo visibles las dificultades a las que se enfrentan las empresas a la hora de internacionalizarse y aportar soluciones.

¿En qué punto se encuentra el Plan Estratégico de Gestión Visión 2020?

Visión 2020 nace en 2017 con el objetivo de -a través de las actuaciones de AMEC- mejorar un 25% la competitividad internacional de nuestras empresas asociadas. Hasta ahora los resultados están siendo muy satisfactorios. Prueba de ello es el crecimiento de las exportaciones de los asociados de AMEC, varios puntos por encima del nacional.

En concreto, según han publicado, las exportaciones de las empresas que representa AMEC crecieron un 11,4% el pasado año…

Cierto. Y la cifra nos sorprendió gratamente. Esto ha ocurrido porque son las empresas más preparadas, flexibles, adaptables y con mayor experiencia las capaces de superar situaciones complejas como la actual. Es más, suelen salir reforzadas.

¿Qué previsiones manejan para este año 2019?

La perspectiva es crecer un 8,4%.

¿Cuáles son los objetivos del sistema de autoevaluación que han implantado recientemente?

Disminuir los riesgos y los tiempos en la actividad internacional, incrementar las capacidades y oportunidades de las mismas y, finalmente, mejorar los resultados de nuestras empresas asociadas. Cualquier actividad que desarrollamos tiene que cumplir con uno o varios de estos vectores. Otra de las claves es la ejecución de las actuaciones. Éstas han de tener como foco la internacionalización y la colaboración entre las empresas. Hoy en día individualidad y competitividad son términos radicalmente opuestos.

En un momento en el que el sector exterior afronta con menos optimismo 2019 y los últimos datos tanto de exportaciones como del ITC apuntan a una ralentización, ¿es viable mejorar la competitividad?

Sí. En AMEC tenemos dos líneas de actuación. Por un lado, intentamos mejorar los elementos endógenos de la competitividad de las empresas (lo que hacen y cómo lo hacen) y por el otro, buscamos soluciones o alternativas a lo que ocurre en el entorno. En este último caso detectamos, identificamos problemáticas y elaboramos una especie de vademécum de soluciones y buenas prácticas para impulsar la internacionalización. Éste, a su vez, se traslada a las administraciones y al sector. El objetivo es que las condiciones en las que trabajamos las empresas industriales españolas sean como mínimo iguales que las de nuestros socios europeos. En definitiva, que una empresa española y una alemana no tengan diferencias a la hora de internacionalizarse.

Apuestan, por tanto, por una especie de mercado único europeo para la internacionalización.

La apuesta es conseguir equiparar las condiciones decisivas para la competitividad en España con las de nuestros mercados homologables, que son Alemania, Francia, Italia y quizá Suiza. Hablamos de costes o de incentivos fiscales que son la lanzadera para que las empresas desarrollen tareas estratégicas como la innovación y la internacionalización. No podemos jugar unos con una portería grande y otros con una pequeña.

¿Quiere decir que, entre otras cosas y en comparación con los países que ha mencionado, la política fiscal española lastra la internacionalización?

El sistema fiscal español no es de los más duros, lo que no quiere decir que los impuestos en España sean baratos. Dicho esto, el mayor problema está en cómo se utilizan. No puede ser que quienes desarrollan actividades que suman no tengan incentivos. Hay que incentivar las actuaciones y a las empresas que generen impacto positivo en la sociedad, como la innovación o la exportación regular y castigar otras, que a día de hoy suponen una rémora para la competitividad. Tampoco es concebible que el sistema fiscal sea más costoso para las pequeñas empresas que para las grandes.

La digitalización y la aparición de plataformas como Amazon está facilitando la exportación a muchas pequeñas y medianas empresas…

La tendencia y el entorno actual nos lleva a una mayor consolidación de exportadores regulares. Las plataformas y la digitalización son un primer paso para la salida al exterior de las pequeñas y medianas empresas pero si no lo hacen con visión a largo plazo peligrará su continuidad. Si esto ocurre, España podría tener problemas de estructuración económica y territorial. Por ello la internacionalización tiene que ser una política de Estado.

En alguna ocasión han denunciado que la falta de inversión en I+D, puede suponer un freno para la competitividad de las empresas españolas en el exterior.

O espabilamos o vamos a ver situaciones complejas. Por un lado, la digitalización ha hecho más difusa la barrera que separaba la ventaja competitiva entre las grandes y las pequeñas empresas, la competencia ha adoptado dimensiones diferentes. Es importante trabajar para que nuestra industria no pierda posicionamiento. Por otro, nuestra política de innovación no termina de arrancar, estamos aún lejos de llegar al objetivo del 2%. Hay que picar mucha piedra todavía.

¿Cuáles son las principales dificultades para el sector industrial internacionalizado español?

En mi opinión, el principal problema se encuentra en las barreras no arancelarias, de certificación, de producto, fiscales en destino… Estas son menos conocidas pero tienen un coste mucho mayor que las no arancelarias, especialmente para las empresas de menor dimensión.

¿Quiere decir que los aranceles son el mal menor?

No de forma taxativa, pero es cierto que los aranceles tienen la ventaja de es que son conocidos y se sabe de qué mal has de morir. Por ejemplo, un estudio reciente sobre los costes de las barreras arancelarias y no arancelarias entre la Unión Europea y Estados Unidos refleja que el coste del arancel medio está en torno al 4%, mientras que los costes de las barreras no arancelarias son superiores al 20%.

Otra dificultad a afrontar, ¿es el proteccionismo de la Administración Trump?

Trump ha hecho más visibles los problemas que ya existían en administraciones anteriores. La mayor dificultad es la guerra por la hegemonía mundial que disputan China y Estados Unidos. Esperamos no salir perjudicados en exceso.

Por su respuesta interpreto que ¿se están percibiendo los efectos colaterales de la guerra comercial en la industria internacionalizada española?

Hay efectos clarísimos. Por ejemplo, la disminución de las exportaciones a Alemania, principalmente en el sector de la automoción.

Ha calificado el Brexit de “disrupción significativa”, ¿está preparada la industria española internacionalizada para afrontar la salida del Reino Unido de la UE?; ¿habrá retirada masiva de stocks?

La empresa española ha tomado consciencia de forma acelerada de que esto no es una broma. Están trabajando bajo el supuesto de los peores escenarios y sabiendo que una vez Reino Unido sea un tercer país se tendrán que adaptar al nuevo escenario. El objetivo es que el tránsito sea lo más rápido posible y esto requiere observación, perspectiva y agilidad. Dicho esto, no somos catastrofistas.

La reimposición de sanciones parece no haber afectado a las exportaciones a Irán, que continúan creciendo.

Las empresas españolas en Irán llevan años trabajando. Hay sectores que son verdaderas oportunidades. El principal problema es la financiación de las operaciones.

Tras la puesta en marcha del Plan de Aceleración Industrial, ¿es Marruecos destino prioritario en África?

Marruecos es uno de nuestros principales socios no europeos y hay un interés mutuo. Especialmente en sectores como agricultura e infraestructuras. Es una gran oportunidad y la empresa española juega con ventaja, ya que no es una desconocida. Y el hecho de que muchas pymes hayan invertido en el país nos ha beneficiado. No obstante, si no se corrigen barreras como la excesiva presión fiscal a la que se está sometiendo a la inversión extranjera habrá muchas compañías que se cuestionarán su presencia en este mercado. No hay seguridad jurídica.

¿Hasta qué punto ‘deslices’ como el reciente de López Obrador pueden afectar a las empresas españolas tanto en el país, en particular, como en Latinoamérica, en general?

El comercio exterior y el mundo empresarial ya no están condicionados a la gobernanza. Están al margen de los populismos de tweeter. México, en particular, y Latinoamérica, en general, seguirán siendo un destino preferencial.

Ahora que estamos en periodo electoral, ¿qué pide al futuro Gobierno en el ámbito de la internacionalización?; ¿es suficiente la Estrategia 2017-2017?

La estrategia impulsada durante el mandato del Partido Popular con Jaime García Legaz como secretario de Estado y consensuada con el sector privado y apoyada por todos los grupos políticos incorporó la visión a largo plazo en la política de internacionalización. Se desarrollaron grandes líneas de actuación, y se supeditaron a planes bianuales con actuaciones a desarrollar gobierne quien gobierne. Lo único que queda por comprobar es si los programas y las dotaciones económicas son suficientes.

¿Cree que las partidas que se están destinando a políticas sociales pueden perjudicar la suficiencia de las partidas para la internacionalización?

Habría que tener claro que la industrialización y la internacionalización forman parte de la política social porque son generadoras de empleo. Dicho esto, en el momento actual de turbulencia política que obliga a prórrogas presupuestarias no nos vamos a rasgar las vestiduras siempre y cuando se dé continuidad a las actuaciones y se ponga el foco en los objetivos.

Y en el caso de la industria, ¿son suficientes 400 millones -partida con la que se dotó al Plan Reindus- para reindustrializar España?

Se necesita avanzar y pensar en instrumentos complementarios para llegar de forma más masiva a las empresas en un momento complejo en el que se juntan tres circunstancias: un entorno geopolítico complejo al que hay que adaptarse, la revolución tecnológica y un entorno de turbulencia sistémica determinado por las macrotendencia de los objetivos de desarrollo sostenible abanderados por las nuevas generaciones. Si queremos ser competitivos hay que adaptarse ipso facto.

¿Cómo está respondiendo la Administración ante las propuestas que les han planteado desde AMEC?

Lo cierto es que está respondiendo de forma muy positiva, por el momento no he conocido ninguna Administración ni ningún Gobierno que no quiera que las empresas exporten y se internacionalicen más. Le pongo por ejemplo el cambio de escenario que está suponiendo el Brexit, tanto la Administración central como las mayoría de las autonómicas están trabajando muy bien desde un punto de vista de sensibilización, de identificación de escenarios, de apoyo a las empresas para que desarrollen planes de contingencia.

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