Ex ministro de Energía, Turismo y Agenda Digital y Consejero de la Oficina Económica y Comercial de Londres.

“El sector exterior es la punta de lanza de cristal de la economía española”

Su gesto es mucho más relajado del que acostumbrábamos a ver cuando estuvo al frente de los trasatlánticos del Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital y la Oficina Económica de Presidencia de Gobierno. En aquella época le tocó bregar contra la mar montañosa de la crisis económica que dejó a España a la deriva. Su “visión alternativa” de la Economía que tiene como faro el sector exterior fue decisiva a la hora de evitar el rescate de un país con un déficit que superaba el 9%, una tasa de paro del 26% y una cifra récord de deuda externa (1,78 billones). Consciente de lo que significa el coste de oportunidad en pocas semanas viajará a Reino Unido para ocupar el cargo de Consejero de la Oficina Económica y Comercial de Londres. “Va a ser una etapa apasionante”, afirma sonriendo. “Es volver a mi profesión en el ámbito más puro. Echaba de menos ese elemento tan práctico de poder ayudar a resolver los problemas concretos de las empresas que están en el exterior”. Antes, el próximo 22 de mayo, arropado por Mariano Rajoy y los pesos pesados del equipo económico del Partido Popular presentará “Lo que no son cuentas son cuentos”, un libro de relatos cortos y fábulas que hacen comprensible la parte más macro de la Economía, que escribió en su casa de la sierra, donde si “te bloqueas sales a dar un paseo y al regresar puedes continuar escribiendo”.

El déficit comercial se incrementó el pasado año casi un 37% hasta niveles de hace ocho años, la deuda exterior ha superado los dos billones de euros, el crecimiento de las exportaciones es cada vez más moderado… ¿son estos los primeros síntomas de una nueva recesión que podría acabar en una crisis como la de 2008?

En primer lugar hemos de tener en cuenta que los ciclos de la economía española tienen que ver con la situación de la balanza de pagos. Cuando la cifra de exportaciones sobre PIB empieza a caer estamos en la antesala de un proceso recesivo que estalla cuando se empieza a corregir nuestra capacidad exportadora. Las fases son siempre las mismas: deterioro de la competitividad, deterioro de la capacidad exportadora, aumento del déficit exterior y mayor endeudamiento. Que cuando se hace insostenible tiene como resultado la crisis.

Dicho esto, a día de hoy en España todavía existe una fuerte inercia derivada del ciclo de crecimiento, consecuencia a su vez de los ajustes estructurales (reforma laboral, energética, financiera y tributaria) que se hicieron durante los años de recesión. Ajustes que llevaron a la mejora sustancial de la competitividad de las empresas y la economía española. Prueba de ello es que todavía los niveles de inflación son muy comparables a la Unión Europea.

Pero la balanza de pagos y el frenazo de las exportaciones, no auguran buenos tiempos…

Es cierto que la balanza de pagos del año pasado se deteriora por el precio del petróleo pero se compensa por los servicios turísticos y de otro tipo. Ahora bien, no estamos en la época en la que había de diez puntos de diferencia en el déficit exterior. Además, hemos reducido la deuda externa del 100% al 80% sobre PIB.

En cuanto a las exportaciones, aunque los datos ponen de manifiesto que nuestra capacidad exportadora se ha moderado –algo que, por otra parte, también ocurre de forma sustancial en el comercio mundial- también es verdad que en términos de precios no hemos perdido competitividad como en 2008. No obstante, esta coyuntura sólo es válida en el corto plazo.

El ITC tampoco invita al optimismo…

Es cierto que hay un desgaste en determinados sectores y mercados pero todavía nos mantenemos en superávit exterior. Situación que puede darse la vuelta si se empiezan a incrementar los costes, a subir los precios, si reduce la competitividad y se aumentan las importaciones… Es decir, si volvemos a generar déficit exterior. Y si llega ese momento, la pregunta es ¿quién lo va a financiar?

¿Hay respuesta para esa pregunta?

Antes lo hacía el sector bancario, de ahí la crisis financiera. Ahora se ha aprendido la lección y ni la banca europea ni la banca mundial van a financiar los fuertes déficits exteriores en España. De producirse esta situación el resultado sería cronificar el escaso crecimiento como ya ocurre en Italia y Francia. Nuestra economía va mejor porque tenemos un sector exterior robusto.

De sus respuestas se deduce que estamos en un punto de inflexión crítico que requiere una nueva orientación de la política económica, mucho más centrada en el sector exterior y con vistas a medio y largo plazo, que no han recogido ninguna de las formaciones durante la campaña electoral…

El sector exportador en España es una punta de lanza de cristal. Por ello la política económica ha de preocuparse por la competitividad. Y la realidad es que esta palabra apenas se ha mencionado por ninguno de los partidos políticos. Todas las medidas que se plantean se centran en el reparto de rentas públicas, con bajada de impuestos y aumentos de gasto, pero en ningún caso se han planteado reformas importantes para la mejora de la competitividad. Le hablo del sistema educativo, de la reforma energética –lo que se plantea está muy sesgado hacia objetivos medioambientales y climáticos-, o la financiera –donde todavía quedan muchos ajustes pendientes que mejoren la prima de riesgo de hogares y empresas. Por otra parte, y más allá del ámbito político, también es necesario que la sociedad se conciencie de la importancia de la competitividad para el crecimiento económico y la mejora del bienestar social.

¿Confía en que el nuevo Gobierno de un giro y lleve a la práctica medidas de mejora de la competitividad a las que se refiere?

Desde que Pedro Sánchez está al frente del Gobierno de España, no ha habido grandes cambios con respecto a la política económica que puso en marcha el Partido Popular con Mariano Rajoy. No obstante, hay que esperar a la formación definitiva del nuevo Ejecutivo. No es lo mismo una alianza con Podemos que con Ciudadanos. Habrá que ver si Sánchez tiene la habilidad de hacer una geometría variable como la que hizo Zapatero, en la que se oriente más hacia la izquierda en temas sociales y más hacia la competitividad en materia de política económica. Lo cierto es que estamos en un momento en el que, pese a que el discurso político de los socialistas no hace mucho hincapié en la competitividad, habrá que ver qué es lo que definitivamente sale publicado en el BOE.

¿Cuáles son los principales retos económicos que afronta la economía española?

En mi opinión nos enfrentamos a tres grandes retos. Primero, la recomposición de la economía mundial, donde Asia cobra protagonismo -como ha sido siempre en la historia de la humanidad- y tenemos que posicionarnos; segundo, los cambios tecnológicos. Nunca hemos sido grandes actores en las revoluciones industriales, pero ahora podemos conseguir que las empresas españolas sean unos de los líderes las dos revoluciones tecnológicas, la digital y la climático energética; tercero, adoptar el modelo de gestión macroeconómica germánico y nórdico, donde las políticas de crecimiento continuado y con la vista a largo plazo son las maneras de evitar y solucionar las crisis. No se puede pertenecer a la Unión Europea con reglas del Norte de Europa y comportarse con hábitos del Sur.

¿Son necesarios más ajustes para mantener la competitividad?

Para afrontar los retos anteriores hay que asumir que se necesita continuar con las reformas que se pusieron en marcha a partir de 2011 y que éstas tienen costes políticos. Recordemos que tras las citadas reformas España crece por primera vez por lo que se produce y se exporta, no por lo que se endeuda. Por primera vez tenemos empresas pequeñas-medianas con niveles de facturación poderosos y niveles de innovación y exportación espectaculares que son claves para el nuevo modelo de desarrollo económico. Nunca he visto un crecimiento tan sano de la economía española que ahora goza de una salud de hierro. Estoy convencido de que esto se tendrá presente por cualquier gobierno. No obstante, la inercia no es indefinida y para que podamos continuar mejorando la competitividad se necesitan ajustes en costes vía productividad que requieren pactos salariales y otro tipo de políticas diferentes a algunas de las que se están anunciando.

¿Se refiere a ajustes vía productividad y pactos salariales en un momento en el que el gobierno de Sánchez subió de forma unilateral el Salario Mínimo Interprofesional?

Estoy convencido que hubo discusión dentro del Gobierno. El número de trabajadores que cobran el SMI es muy bajo, apenas llega a 200.000. Por tanto, el problema no radica aquí, sino en si se considera que esta medida es algo que afecta a un grupo de personas muy reducido de colectivos muy específicos con los que se ha querido hacer un gesto –no olvidemos que también están exentos de pagar IRPF- o si se considera como la antesala de un proceso de lucha de rentas y de presión salarial, que es lo peligroso.

Retomando el proceso de germanización de la economía española que ha mencionado, ¿por dónde hay que empezar?

En una Unión Monetaria con precios estables no tiene sentido la indexación. En el Norte de Europa no se concibe la manía que tenemos en España de indexar todo al IPC. Es la propia economía quien determina la fluctuación de los precios de los bienes y servicios. Hay que mirar hacia el futuro y en cómo hacemos ahora las cosas con el euro y con baja inflación, no en cómo lo hacíamos con la peseta y altas inflaciones. No tiene sentido que si sube el petróleo suba la factura del teléfono porque está indexada al IPC. Si quieren continuar con la indexación al menos que se tome como referencia el IPC medio de la zona euro.

Por otra parte, las rentas sólo suben cuando aumenta la productividad, no en función de cómo varíen los precios. Esto no significa que los trabajadores y los sindicatos alemanes no les preocupe el IPC. ¡Claro que sí!, pero han implementado sistemas de concertación que les permiten mantener la competitividad y el modelo de cargas de trabajo. Sería interesante que el conjunto de la economía española lo aplicase.

Vincular salarios a la productividad, ¿es posible con las derivadas de las estructuras sindicales y patronales de España?

Depende con quien se hable. Tanto en los sindicatos como en las patronales hay personas muy conscientes, muy razonables y muy capaces. Otra cosa son los discursos. Hemos de tener presente que cada vez hay más empresas abiertas al exterior que apuestan por una economía del siglo XXI. Tampoco olvidemos que esta visión cala en los trabajadores, mucho más globalizados. Si queremos progresar España tiene que ser un país de éxito en comercio internacional.

Éxito que pasa por la competitividad/precio en los mercados exteriores…

Indudablemente. Y el éxito de la competitividad/precio se consigue con la estandarización de procesos. Algo en lo que todavía queda mucho recorrido. Si en España no mejoramos sustancialmente la inversión en capital de todo tipo, principalmente humano y tecnológico, es difícil que tengamos sectores más estandarizados y por tanto, seamos competitivos. No podemos quedarnos en lo que se ha hecho hasta ahora. Hay que dar prioridad a la inversión en tecnología e innovación y no a las subidas salariales, que han de ser consecuencia de ganancias de competitividad.

Hablando de costes, desde siempre Álvaro Nadal ha criticado el lastre que suponen los costes energéticos para el sector exterior de España…

Si. Especialmente para las empresas industriales. En costes tanto en generación como en renovables España está en el tercio alto de la Unión Europea, en parte por nuestra situación geográfica y la falta de sistemas de interconexión. Por otro lado, el coste de las renovables que se introdujeron en el pasado es también muy elevado. Por supuesto que se han de favorecer las tecnologías no emisoras, pero no siempre las más caras. Debe existir un equilibrio entre la eficiencia y la competitividad y los objetivos climáticos, si sólo se pone como prioritario uno de ellos se perjudica a los otros. Aquí quiero insistir en el hecho de que todas las políticas económicas implican un coste de oportunidad, la cuestión es determinar cuáles son los elementos que más ponderas.

Cuando estuve al frente del Ministerio de Energía tenía claro que había que cumplir con dichos objetivos pero también que había que vincularlos a nuestras particularidades y nivel de interconexión. En el caso de las renovables, es prioritario implementar sistemas más eficientes y que permitan mayores aprovechamientos y rendimientos energéticos. Le pongo un ejemplo, el actual sistema de placas solares en los techos sólo es rentable para el titular de dicha placa, no para el resto que a la larga pagará más por la electricidad. Por ello, si no tomábamos medidas como el mal llamado “impuesto al sol”, a la larga las industrias que no autoconsumen contribuirán más al autoconsumo de los demás y perderán competitividad.

Según se publicó el pasado mes de marzo, será uno de los Consejeros de la Oficina Económica y Comercial de Londres -puesto que, además, fue solicitado por usted-. Todo un reto dada la amenaza del Brexit.

Vamos a ver qué ocurre el 31 de octubre. Si al final se produce y si se produce en cuál de los tres escenarios. Pese al borrador de 400 páginas estoy convencido de que hay muchas cosas que no se han pensado, especialmente si vamos a un Brexit abrupto. En cuanto al acuerdo de vuelta, existe el riesgo de encontrarnos con una presión estilo lobby americano con el incremento de aranceles que no deberían tenerlo. De hecho, hay sectores en los que ya se está aplicando un elevado grado de protección.

A la espera que se resuelva todo cuento con la practicidad y el pragmatismo británico. Por la parte de la Unión Europea creo que debemos ser flexibles, y en ello nuestro Gobierno siempre ha sido cooperativo. Espero que tanto por la parte británica como por la europea se tenga la agilidad de que cuantos menos se distorsionen las cosas mejor.

¿En qué punto se encuentran las negociaciones para la creación de la Asociación para la Competitividad Internacional de la Empresa Española?; ¿seguirá con ello desde Londres?

Las asociaciones empresariales tienen que hacer valer el peso del sector exterior en la economía española. Hace falta una gran patronal en la que no haya intereses contrapuestos. Que haga visible la opinión de las empresas que compiten en mercados internacionales y que suponen un 34% del PIB. Para ponerla en marcha hay que tener una visión específica de esta punta de lanza de cristal que es el sector exterior, yo dejo la idea y las bases para quien quiera ponerlo en marcha.

¿Por qué cree que las empresas del Ibex no han apoyado la iniciativa?

Eso no es totalmente cierto. Lo que se ha publicado al respecto no es correcto en un 90%. La realidad es que la idea no estaba completamente madura por dos motivos. El primero, en España sólo el 25% de la capitalización bursátil del Ibex exporta y si quitamos Inditex la cifra se queda en un 15%. El segundo, las empresas a las que se dirigía el proyecto eran las medianas exportadoras que facturan 4.000 o 5.000 millones de euros e incluso menos. Éstas no están acostumbradas para participar en el debate sobre la política económica, para tener presencia en los medios de comunicación donde, por cierto, no se les ha dado cancha. Necesitamos concienciación.

Europa ha dado luz verde a la apertura de conversaciones para negociar un nuevo Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, ¿es posible con la administración Trump?

La Unión Europea tiene que tener un socio y el socio directo es EEUU. Pensemos que la mitad de las exportaciones alemanas salen de fuera del continente. Asimismo, el acuerdo comercial con Estados Unidos es fundamental para Europa, dado el bloqueo de la OMC (Organización Mundial del Comercio) -organización que, dicho sea de paso, ahora sólo discute sobre el desarrollo y no sobre las políticas comerciales-. Además, esto aliviaría mucho la situación del Brexit. Más allá de esto, en la UE debemos preguntarnos ¿quién queremos que cree standard del comercio mundial el acuerdo entre Europa y EEUU o el acuerdo entre EEUU y China?

Por otra parte, Estados Unidos no es sólo Donald Trump, sino también sus empresas. El aperturismo forma parte del ADN del país. Recordemos que ganó la guerra fría por su apertura comercial. El mismo Plan Marshall, como concepto, no fue sólo una ayuda social e humanitaria es poner en pie unas economías y reintegrarlas en el comercio mundial. Asimismo, la administración Trump ha de tener presente que las malas políticas se rebelan tarde o temprano que en EEUU los errores políticos y estratégicos se castigan mucho. El proteccionismo es incorrecto tanto por los costes que conlleva, como por el freno que supone a la expansión.

Mientras llega el momento quizá un primer paso sea establecer un acuerdo entre las asociaciones empresariales europeas y americanas, con el objetivo de tener resuelto un esquema que profundice en todos los temas relevantes para el nuevo modelo económico (sector financiero, digitalización, industria cultural…) para cuando las administraciones se pongan a hablar en serio.

¿Cómo valora una posible Alianza entre la Unión Europea y África que impulse la industrialización y las relaciones comerciales con la región?; ¿debe ser España quién lidere este proyecto?; ¿cuáles cree que han de ser las líneas maestras?

África es una de las grandes desconocidas. España tiene la ventaja de la proximidad geográfica pero también el inconveniente es que no tenemos la misma relación que tuvieron otros países con presencia colonial. Dicho esto, tenemos experiencia, cercanía, conocemos su forma de operar, por los niveles de inversión que tenemos en el Magreb. Es más, el desarrollo industrial de estos países dependen gran parte de España. Por tanto, la Alianza tiene que estar en todos los planes de gobierno.

Etiquetas: