Opinión

El turismo sanitario o de un ejército de 10.000 ciegos

Jesús-Centenera-(Ageron)

Jesús Centenera
Ageron Internacional.


Debía de ser una tarde tórrida de finales del verano del año 1014, con un sol de plomo cayendo sobre nuestra ciudad, mientras que el príncipe Samuel y algunos de los nobles guerreros búlgaros dormitábamos una pesada siesta, con un sueño abotargante, tras una copiosa comida, regada generosamente con un vino intenso y perfumado, de uvas Pamid y Dimyat, no sé si de la llanura del Danubio o de las tierras bajas de Tesalia (Se indulgente, amigo, que yo también bebí lo mío, por lo que no me pidas precisión, pero te juro que era un excelente vino búlgaro). De repente, los guardias empezaron a correr y a gritar con pavor, con unos gritos como no recuerdo, ni en los peores saqueos de las tierras de los Balcanes, cuando nuestro orgulloso ejército entraba a sangre y fuego en los poblados de esos griegos flojos y decadentes, de un imperio bizantino agonizante. Me froté los ojos, me enderecé (¡Qué dolor de cabeza!, no voy a volver a beber nunca), me enfundé como pude mi cota de malla, me ceñí el yelmo repujado, agarré mi espada y corrí hacia las murallas, de donde venía ese torrente enloquecido y vociferante.

Recuerdo todavía la cara de espanto del mismísimo Zar de todos los búlgaros, Samuel I, al que tanto admirábamos, porque nos había llevado de victoria en victoria contra esos pérfidos bizantinos. Su cara estaba lívida, su mandíbula desencajada, sus ojos desorbitados, no pudiendo expresar palabra alguna, mientras miraba por encima de las murallas. A sus pies, en una larga hilera que se iba acercando, se encontraban los 10.000 soldados que habían defendido la fortaleza de Baba Vida, y que habían peleado en la batalla de Kleidion, habiendo sido derrotados por nuestro eterno enemigo el “basileos” de los bizantinos, Basilio II, “Bulgaróctono”. Tras haber rodeado a nuestros hombres que se habían rendido, en lugar de masacrarlos, había cegado a 99 de cada 100, dejando uno tuerto para que guiase a los otros 99, y aquella era la horrenda comitiva que se acercaba gimiendo, famélica y temblorosa a los pies de las murallas, agarrados a largas cuerdas. Todos los guerreros quieren sobrevivir para pelear en otra batalla, pero hay días en que la muerte habría sido más dulce que la cruel alternativa.

Déjame que te diga, lector, que la antigüedad clásica está llena de pasajes de enfermedad y de crueldad, en los que por causas naturales o por la mano del hombre, los seres humanos sufrían mutilaciones que les convertían en ciudadanos de segunda, cuando no en parias, que mendigaban por un pedazo de pan al no poder conseguirlo con sus fuerzas, por ser ciegos, sordos, cojos o mutilados de alguna otra manera.

Te cuento esto amigo, porque entre las formas de internacionalización inversa, que es atraer a clientes a nuestro país para que consuman, o disfruten de nuestros servicios, la rama más conocida es la de la promoción del turismo, rubro en el que España es uno de los líderes mundiales, como se puede comprobar en la feria FITUR de IFEMA. Desde hace años, el Estado ha previsto también un instrumento muy poderoso, la institución Turespaña, que cuenta con delegaciones propias en el extranjero. Tuve la suerte de conocer y charlar con Nuria Guzmán, una excelente profesional que estuvo destinada a Londres y Berlín, y que me contaba las campañas que hacían, tanto generales como específicas, dejándome admirado de la eficacia y eficiencia de ese gran colectivo. Aunque, en honor a la verdad, ella tiene una sonrisa enigmática y una personalidad cautivadora, y esgrime ese verbo fácil de persona culta, leída y viajada, que ayuda a comprender mejor la realidad.

Otra de las formas, que es la que nos interesa hoy, es una reciente iniciativa, cuyo clúster se agrupa en la asociación SPAINCARES, y que cuenta también con apoyo del ICEX a través de programas para participar en ferias y para atraer pacientes de distintos países en misiones directas e inversas, desde fecundación asistida, a cirugía bariátrica (sí, anda, búscalo, que además igual conoces a alguno al que le hace falta), desde trasplantes, hasta rehabilitación, con hospitales, clínicas y empresas. El conjunto es ciertamente imbatible: medicina de primer mundo, a precios competitivos, y todo ello en la soleada y acogedora España.

Cuenta el Evangelio que existía “en Jerusalén, junto a la Probática, una piscina que se llama en hebreo Betesda, que tiene cinco pórticos. En ellos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos, paralíticos, esperando la agitación del agua. Porque el Ángel del Señor bajaba de tiempo en tiempo a la piscina y agitaba el agua; y el primero que se metía después de la agitación del agua, quedaba curado de cualquier mal que tuviera. Había allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús, viéndole tendido y sabiendo que llevaba ya mucho tiempo, le dice: «¿Quieres curarte?» Le respondió el enfermo: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua; y mientras yo voy, otro baja antes que yo.» Jesús le dice: «Levántate, toma tu camilla y anda.» Y al instante el hombre quedó curado, tomó su camilla y se puso a andar.”

En un plano más mundano, sin intervención divina, hemos llegado a manos y ojos biónicos, realmente espectaculares. A máquinas como la Lokomat Pro v6 que ayuda a la rehabilitación motriz de personas que han sufrido una lesión cerebral, y que ya ha llegado a las grandes ciudades españolas, empezando por Barcelona y Madrid. Hablando con Cristina Vázquez, rehabilitadora española que se formó en Suiza con este tipo de maquinaria y que ha montado junto a otros expertos el Centro Europeo de Neurociencia en Madrid, me comentaba la revolución científica que había supuesto la aplicación de este tipo de tecnología.

Lamentablemente, no todo el mundo puede permitírselo todavía, y no parece cercano el día en que la Seguridad Social pueda cubrirlo, pero no deja de ser fascinante ver cómo la ciencia va dando saltos de gigante, haciendo que las recuperaciones sean cada vez más rápidas, logrando que se cumpla, parcialmente, hoy en día eso de que: “Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados…” (Mt. 11.5, Lc 7:22). Con lo bien que nos hubiera venido entonces, o un milagro, o disponer de estas maravillas, porque, no sé si lo sabes, pero a nuestro padrecito el Zar le dio una apoplejía, y murió a los pocos días de la impresión y la pena por tanta vida destrozada ¡Maldito sea 10.000 veces el “Bulgaróctono”!

 

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