Opinión

La factura de la incertidumbre

José-María-Triper

José María Triper
Periodista económico.


A pesar de la excelente, y hasta cierto punto sorprendente subida del 0,7 por ciento del PIB en el primer trimestre de este año, las caídas registradas en las exportaciones y la productividad, y los análisis de los principales organismos y servicios de estudios nacionales e internacionales alertan ya sobre los riesgos preocupantes de desaceleración que afectan a la economía europea, en general, y a la española, en particular, que empiezan a sentirse ya en la inversión. Especialmente en esta última ante la paralización de las decisiones y proyectos de los inversores internacionales.

Una desaceleración que está impulsada por agentes externos como el aumento del proteccionismo, el agravamiento de las tensiones comerciales entre EEUU y China, un crecimiento de la economía del gigante asiático sensiblemente inferior al esperado, las dudas sobre el final del Brexit y las tensiones en los mercados financieros. Factores todos ellos que afectan a nivel mundial, pero que en el caso de la zona euro y especialmente en el de España se ven sensiblemente incrementados por la incertidumbre política y las derivaciones del secesionismo catalán que, como recoge el último informe económico de la CEOE, “lastrarán el crecimiento de los próximos trimestres” y generan serias dudas sobre el cumplimiento de los objetivos de reducción del déficit y del endeudamiento.

Es un hecho constatable que la continuidad de los ritmos de crecimiento de la economía española durante el último trimestre de 2018 vino generada casi exclusivamente por el sector público que compensó las caídas observadas en el consumo y en la inversión del sector privado. Retrocesos que los analistas de la CEOE y de otras instituciones empresariales y financieras atribuyen al “deterioro de las expectativas” derivado del aumento de la incertidumbre en el escenario político y los riesgos tanto a nivel internacional como nacional.

Recuerdan en este punto cómo la confianza de los consumidores, tras el empeoramiento en el cuarto trimestre, ha registrado una evolución similar en el primer trimestre de 2019, “siendo las expectativas sobre la situación económica general las que han marcado este deterioro”. Se observa también un empeoramiento en la evolución de la confianza y el volumen de negocio del comercio minorista, mientras que el consumo eléctrico sigue en caída libre agravada por el subida imparable de los precios, el ahorro de las familias está en mínimos históricos y el desempleo aumenta hasta sumar casi cien mil parados más.

Este clima de mayor incertidumbre es la causa fundamental que explica la pérdida de dinamismo en la inversión “en consonancia con un crecimiento más limitado de la demanda interna y de las exportaciones”, afectadas estas últimas por la fuerte desaceleración de las economías de Francia y Alemania, nuestros dos primeros clientes que copan en torno al 20 por ciento de nuestras ventas en el exterior, la recesión cierta ya en Italia y el posible impacto del Brexit.

Pues eso, que los tiempos amenazan con el retorno de las vacas flacas, en línea con las predicciones de la UE y el BCE, ante las que Sánchez y su Gobierno deben tomar buena nota para evitar incurrir en la misma política suicida de los gobiernos de Zapatero que nos llevó a la mayor crisis económica de nuestra historia negando las evidencias, derrochando dinero público y generando déficit con medidas presuntamente sociales que ni pueden pagar ni saben cómo hacerlo.

Etiquetas: 00000