José María Triper
Periodista económico.


En CEOE, “nos preocupa muchísimo más la deriva exterior por el recrudecimiento de las guerras comerciales que lo que pasa en España”. Con estas palabras me definía un alto dirigente de la patronal española la opinión de los empresarios sobre el recrudecimiento de las tensiones entre EE UU y China y la situación en Oriente Medio con Irán, para apostillar después que “cuando hablas con los chinos ya vuelven a referirse a Trump y a su gobierno con la palabra enemigos, y eso indica el Estado de la situación”.

Una guerra comercial que ha obligado ya a la Organización Mundial del Comercio (OMC) a rebajar hasta el 2,6 por ciento, cuatro décimas menos, sus previsiones de crecimiento mundial en 2019, con el consiguiente impacto sobre la evolución del PIB de las principales economías del Planeta y el empobrecimiento de los países emergentes. Deterioro que desde este organismo internacional se explica precisamente por las tensiones comerciales entre China y EE UU y el Brexit y que puede ser peor si la evolución del conflicto con Irán afecta negativamente a la producción y a los precios del petróleo.

Como primer síntoma de esta fuerte situación de incertidumbre, en las primeras semanas del anuncio de las nuevas sanciones hemos visto ya cómo el indicador de volatilidad de los mercados financieros ha crecido nada menos que un 80 por ciento, mientras que los analistas de los servicios de estudios públicos privados advierten de que esta escalada de sanciones comerciales han empezado ya a paralizar muchas y significativas decisiones de inversión con el consiguiente efecto negativo sobre la creación de empleo, también en España.

El dinero, es sabido que siente aversión al riesgo y, por eso, ante situaciones de duda o desconcierto, los inversores apuestan por refugiarlo o conservarlo. Y esa prudencia es la que se impone hoy entre los financieros, empresarios o directivos de las multinacionales que se enfrentan, atónitos a un escenario de incertidumbres e inseguridad jurídica.

Los datos recientemente conocidos de la UNCTAD (Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y Desarrollo) muestran cómo los flujos de inversión extranjera directa, lo que los economistas definen cómo el colesterol bueno para el que las recibe, descendieron un 16 por ciento en 2017, por segundo año consecutivo, pasando de 1,8 millones de dólares en 2016 a 1,5 millones en el último ejercicio cerrado.

Tendencia a la baja que se mantuvo en 2018 y prosigue durante el año en curso para el que las estimaciones de la UNCTAD apuntan las tensiones comerciales “podría repercutir negativamente en las inversiones en las cadenas de valor mundiales”.

Y esto no acaba aquí, porque Trump también tiene puestos sus ojos en Europa. No olvidemos que la imposición de sanciones al automóvil europeo sólo se ha aplazado, de momento, y que ahora acusa a los grandes de la UE, España incluida, de ayudas ilegales a Airbus. Pues eso, que amenazan nubes de tormenta y recemos para que, en el caso de Irán o en el conflicto de Venezuela, las cosas no lleguen a mayores.

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