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El potencial de las economías africanas

Muchos se preguntan si el avance de las economías africanas se está frenando. Hace cinco años, casi todas crecían, pero, recientemente, han tomado caminos distintos. Algunas han seguido creciendo, pero otras han ido a peor por la bajada del precio de los recursos y la inestabilidad sociopolítica. Sin embargo, los fundamentos del continente no han perdido solidez.

El PIB real de África creció a un 3,3% anual entre 2010 y 2015, en comparación con el 5,4% entre 2000 y 2010. Pero esta media oculta una importante divergencia: el crecimiento se redujo mucho en los países exportadores de petróleo y en los del norte, afectados por las «primaveras árabes».  El resto de África registró un crecimiento del 4,4% anual entre 2010 y 2015, en comparación con el 4,1% entre 2000 y 2010. África en su conjunto es, según el Fondo Monetario Internacional (FMI), la segunda economía que más rápido crecerá desde ahora hasta el 2020.

África cuenta con fundamentos económicos sólidos. Tiene una ventaja: mucha (y cada vez más) población joven. Y pronto tendrá el índice de urbanización más rápido del mundo. Se espera que en 2034 tenga más población activa que la India o China y, hasta ahora, la creación de empleo para la población activa no ha parado de crecer. El desarrollo tecnológico brinda nuevas oportunidades a los consumidores y empresas, y África cuenta con abundantes recursos.

Los gastos de consumidores y empresas hoy en día llegan a los 4 billones de dólares. Se espera que el consumo doméstico crezca un 3,8% anual hasta 2025, llegando a los 2,1 billones. También se espera que los gastos de las empresas privadas vayan de los 2,6 billones de dólares de 2015 hasta los 3,5 billones en 2025. Para tener éxito en el mercado de consumo, las empresas deberán conocer bien las tendencias geográficas y salariales, entre otras. Y, para triunfar en el mercado empresarial, tendrán que ofrecer productos y ofertas adecuados al relativamente fragmentado sector privado.

La producción manufacturera en el continente, por su parte, podría duplicarse y pasar de los 500 mil millones de dólares actuales hasta los 930 mil millones en 2025, siempre que los gobiernos den lugar a un entorno más favorable para las industrias y empresas. Tres cuartas partes de este potencial podría venir de las empresas establecidas en África que ofrezcan productos de uso doméstico ya que, hoy en día, África importa un tercio de la comida, bebida y bienes similares que consume. La otra cuarto parte podría llegar de un mayor número de exportaciones: una industrialización acelerada podría suponer un cambio radical en la productividad, así como la creación de entre 6 y 14 millones de empleos estables durante la próxima década.

El sector corporativo debería aumentar su rendimiento para aprovechar al máximo estas oportunidades. En África hay 400 empresas con unas ganancias anuales de más de mil millones de dólares. Crecen más rápido y suelen ser más rentables que las de otros lugares. Sin embargo, África solo tiene el 60% de las grandes empresas que tendría si fuera a la par con otras regiones. Excluyendo a las empresas sudafricanas, la media de beneficios anuales de estas empresas (2 mil millones de dólares) es la mitad que la registrada en Brasil, India, México o Rusia. No hay empresas africanas en la lista Fortune 500. Las empresas que pretendan crecer en África deben adoptar una posición sólida en su mercado doméstico y usarla como base para expandirse a otros mercados más alejados. También deben adoptar una perspectiva a largo plazo, llegar a los acuerdos necesarios para conservar el éxito durante las décadas posteriores y estar preparadas para atender labores que normalmente serían externalizadas. Según el McKinsey Global Institute, deberían centrarse en seis sectores que cuentan con «espacio disponible»: el mercado de mayoristas y minoristas, alimentos y elaboración de productos agrícolas, servicios sanitarios, servicios financieros, industria ligera y construcción. Estos presentan un gran crecimiento, alta rentabilidad y poca consolidación. También debería invertirse en el desarrollo y retención de talento.

 
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