Banner
Banner



Cheap Oem Software Store
Documento sin título twitter

Ayudando a la compañías españolas a conquistar Brasil

Que Brasil es, hoy por hoy, uno de los mercados más complejos, casi inalcanzable para algunas compañías españolas es, hoy en día, algo que pocas personas discuten. Sobre todo, los que comparten experiencias de muchas compañías derrotadas, tras años de vano intento e infinidad de recursos invertidos, han tenido que recoger velas y replegarse admitiendo la incapacidad de haber sido capaces de desarrollar aquel interesante mercado.

Una barrera arancelaria que en ocasiones parece infinita, un sistema impositivo endiablado, una estructura administrativa compleja y unos competidores locales que se conocen todas las artimañas para conseguir doblegar al recién llegado hacen que, si no nos preparemos bien, y vamos de la mano de un experto, el esfuerzo realizado se transforme en algo épico.

A pesar de todo esto, son ya cantidad las compañías españolas que han triunfado y triunfan en aquel maravilloso país, lleno de oportunidades y algunas de ellas lo han hecho de la mano de nuestra compañía

INVERBRAS le acompaña desde el inicio en esta aventura, hasta que su proyecto está totalmente implantado, siempre con una propuesta personalizada y ajustada a sus necesidades empresariales. Haciéndolo además en unos tiempos muy cortos tanto en la implantación como en la distribución.

Llevamos desde el año 2010 ayudando a las compañías españolas, con independencia del sector en el que desarrollen su actividad, a conquistar el mercado brasileño.

Para eso gozamos de una amplia gama de servicios que podemos agrupar como sigue:

- Apoyo en el desarrollo de negocio: búsqueda de distribuidores y agentes, búsqueda de primeros clientes, búsqueda de socios y preparación de viajes de prospección comercial.
- Apoyo en la implantación administrativa: Creación de empresas “llave en mano”, gestión de visados, asesoramiento tributario y asesoramiento laboral.
- Apoyo a la exportación; análisis arancelario, gestión del RADAR, busca de despachante local, alta en el SISCOMEX.

Con este paquete de servicios, nuestro conocimiento profundo del país y nuestra visión del negocio que liga nuestro éxito al éxito de nuestros clientes, INVERBRAS es, hoy por hoy, la empresa líder en consultoría de internacionalización especializada en Brasil Bussines.


Antonio Estévez Muñoz
Socio Consultor y CEO de Inverbras.

 

Coyuntura Bursátil

Agerón Internacional

  • Homenaje a Miguel de la Quadra Salcedo
    TweetDe la verdadera historia del dios Quetzalcóatl
  • ¡Vaya safari de mierda! Sudáfrica 2001 (II)
    TweetSeguimos por una carretera hasta encontrar, por fin, la manada de búfalos. Y aquí es donde empezó a cambiar el ánimo de todos. No sólo veíamos los animales en ese claro del bosque bajo, sino que nuestro “ranger” puso la tracción a las cuatro ruedas y nos acercó a escasos diez metros de los animales. Con las hembras y las crías en medio, y los machos y algunas hembras formando un círculo alrededor, los rumiantes mantenían una actitud de ignorarnos de forma vigilante. Vimos a los terneros (se llaman terneros, ¿no?) siguiendo a sus madres, vimos también a los machos dominantes rodeados de sus hembras (estos sí que saben), a un macho joven intentando montar a una hembra, hasta que fue embestido por uno de los machos dominantes. Bueno, al fin habíamos visto al búfalo, uno de los “cinco grandes”. Muchos y de cerca, pero no dejaba de ser un rebaño de herbívoros, como nuestras vacas, con sus machos al lado.Empieza a anochecer y nos ponemos en marcha de nuevo. El rastreador va sentado en una silla sobre el capó delantero con un foco con el que barre a ambos lados de la carretera, pero no esperamos ver mucho, porque, afirma la “ranger”, si deslumbramos a un herbívoro y lo exponemos con la luz, estamos dando facilidades para que lo ataquen y se lo coman los carnívoros (¿Pero qué carnívoros?, ¡por Tutatis!), por lo que parece que el día de safari ha terminado. De repente, dos luces brillan en la carretera. Son el reflejo del foco en los ojos de una majestuosa leona. Paramos el vehículo y bajamos la luz, viendo cómo se acerca, y, ¡No puede ser! Uno de los sonidos más peligrosos y espeluznantes que puedes oír en el “bush”, justo detrás de nosotros. La “ranger” se bajó a comprobarlo y, efectivamente, era el sonido de una rueda pinchada que pierde aire. La “ranger”vuelve al Land Rover y da marcha atrás en la carretera, unos doscientos metros, para alejarnos de la leona. Nos hace colocarnos delante de los focos, todos juntos, mientras ella y el rastreador cambian la rueda. Yo permanezco en el lado derecho junto al coche, haciendo girar la luz hacia los lados, para ver si se acerca algún animal. Al principio parece puro teatro, pero luego nos damos cuenta de que están preocupados de verdad y nerviosos, al quitar las tuercas y cambiarle la rueda. La leona se acerca un poco más, pero sigue a más de 150 metros. Se acerca a 125 metros, mirándonos de frente. Y hasta 100 metros. Le brillan los ojos por el reflejo. Luego, por suerte, desaparece por la izquierda.Por fin, subimos todos y volvemos hacia donde estaba la leona. Los guías saben que los leones mataron una cebra ayer y la familia de leones la está comiendo. Una vez más, salimos de la carretera con la tracción a las cuatro ruedas, y nos internamos en el “bush”. Volvemos a ver a la leona delante del coche. Las instrucciones son precisas y tajantes. No hablar alto, no levantarse, no salir del vehículo. Si no se sienten amenazados, los leones nos ignorarán, como los búfalos. O eso dice la “ranger”. A diez metros, alumbrados por el foco detrás de unos árboles caídos, vemos la melena de un león. Demasiado lejos, dice la “ranger”, vamos a acercarnos. Siete metros y vamos rodeándoles, cuando vemos sentado a su lado, un segundo macho. Seis metros y vamos a salir marcha atrás, sólo con las luces del coche, para acercarnos más. Se cala el coche. Obscuridad y silencio, interrumpido por ligeros gruñidos de las hembras y el terrorífico sonido de los huesos de la cebra al quebrarse ¡Quién dijo miedo! Intenta arrancar pero no lo consigue. Estoy sentado en la primera fila, del lado de los leones, a sólo seis metros, a oscuras y no arranca. Por fin, el suave ronroneo y las luces de vuelta. Al echar marcha atrás, me quedo situado en el lado “seguro”, contrario al de los leones, pero con la espalda a la espesura de la oscuridad. Aparto la caja de la radio y me siento más hacia dentro, más cerca de la “ranger”, ¡Janine, que no es lo que tú piensas, mujer! Es más bien, que con todo lo que he viajado, mira que venir a morir aquí devorado por leones. Ya estamos a sólo tres o cuatro metros de los animales. Encendemos el foco y vemos dos cachorros con los machos. Uno de ellos se está comiendo el cerebro de la cebra, y vemos como brillan los dientes de ésta, como si se riera, cada vez que se le mueve la cabeza arriba y abajo, por los mordiscos del cachorro. Aparece un tercer cachorro. Detrás, esperando su turno, están las leonas, cuatro de ellas. Tienen hambre, pero esperan y esperarán hasta que acaben los machos. Hacemos fotos a los leones machos y a los cachorros, pero sin perder de vista a las hembras. Pasan unos diez interminables minutos y, por fin, nos vamos. Ha sido una larga y excitante noche ¿Ha sido? Cuando volvemos a la senda principal, vemos un macho joven. La “ranger” para el vehículo y nos señala a la derecha. No es un macho solitario, es otra pequeña partida, un grupo de cinco individuos. Dos machos jóvenes, de unos tres o cuatro años, dos hembras y una hembra de un año. Se detienen en la senda. Olisquean el suelo. Saben que no es su territorio, pero pueden oler la carne de la cebra. Y están hambrientos, se les ven los huesos y tienen la piel colgando. Se juntan mucho, formando una falange compacta. Están a quince metros de nosotros, pero nos ignoran. Siguen olisqueando el suelo y, finalmente, cruzan la senda. Nosotros damos marcha atrás y luego nos volvemos a internar en el bosque para ver el enfrentamiento. Sólo la leona pequeña se queda atrás, el resto, avanza remolonamente. Parece como si se dieran ánimos, empujándose y rozándose suavemente. Una de las leonas del grupo grande se les queda mirando. Flexiona las patas y echa hacia atrás las orejas. Con el foco apuntando al suelo, la vemos en la penumbra en posición de ataque y escuchamos los gruñidos. Que tensión. Pasan minutos eternos. De repente, uno de los leones jóvenes del segundo grupo arranca hacia la leona que gira y se aparta, volviendo hacia donde están los cachorros y los machos. El más joven de ellos se levantó y se acercó al trote. Ruge en la noche, y vemos como pone en fuga al otro grupo. Pasan corriendo a tres metros del coche, con el macho joven detrás de ellos. Les perdemos de vista y volvemos a oír un rugido y golpes secos. No sabemos si le ha matado o no. Nos movemos lentamente, pero ya se han ido. El macho espera en la senda un rato y luego regresa con su grupo. Ahora sí que sí. Dejamos a los catorce leones y volvemos al campamento. Estamos todos muy excitados, hablando a la vez. La “ranger” afirma que en todos los años que lleva aquí nunca había visto una pelea de dos grupos de leones. Eso se lo dirás a todas, Janine. O a lo mejor no. Nos sentamos alrededor de la fogata central, en sillas bajas, tomando café y carne de impala ¡Qué olor tan delicioso! Y tanto. Como que se ven brillar en la obscuridad, a menos de cien metros, los ojos de un guepardo. Salen los vigilantes del campamento para asustarle y alejarle ¡Pues resulta que sí que iba a ser verdad lo del cartelito! Así que, al acabar la cena, y las batallitas, nos vamos, debidamente escoltados, a nuestros “bungalows”, que cerramos cuidadosamente, antes de irnos a dormir. No sé cómo serán otros safaris. Mi primer día ha sido increíble. Jesús CenteneraAgerón Internacional.
  • ¡Vaya safari de mierda! Sudáfrica 2001 (I)
    TweetLa culpa es de Robert Redford, claro. Todos los que hemos visto “Memorias de África”, tenemos grabado a fuego en la pupila la imagen de la avioneta sobrevolando las sabanas amarillas de África Oriental (no sé si será el Masai Mara o el Serengeti), con rebaños gigantescos de cebras y de ñus corriendo por las mismas. Por eso, cuando se sobrevuela la zona del aeropuerto de Skukuza, que da servicio al Parque Kruger, se te pone cara de tonto ¡Anda!, me he equivocado... Aquí se ven muchos árboles y arbustos, pero de llanuras amarillas nada, de nada. En inglés lo llaman el “Bush”, que puede ser arbusto, mata, o matorral, pero que en este entorno es más bien “el campo, el monte o el bosque bajo”, con independencia de la altura. Y de rebaños corriendo, tampoco. ¡Ah!, es que Skukuza está a una hora y pico de la reserva, a lo mejor es por eso. Así que, después de un viaje agotador (es lo que tiene padecer de “Wanderlust”), te espera una furgoneta con un simpático chofer, vestido de caqui, y con galones (¿galones?, ¿pero por qué lleva este tipo galones?), que te conduce a través de la zona que los campesinos le han ganado a la naturaleza. Muchos niños y mujeres cargando bidones con agua, ¡Siempre el problema del agua! Cuando por fin llego al campamento, segunda sorpresa. Esta es la reserva de Manyeleti, no la del Kruger. Cuando vuelva, me van a oír. ¿O, a lo mejor me lo dijeron y yo no me enteré, porque voy siempre a la carrera? En fin, reserva privada y colindante con el parque, pero lleno de árboles. El campamento se llama Khoka Moya Safari Lodge. Y a la entrada, me encuentro con un cartel que reza: “Aviso. Nuestro campamento se haya situado en una reserva de los “5 grandes” y está sin vallar. Pueden encontrarse animales salvajes, tales como el león, leopardo, elefante, búfalo y rinoceronte, entre otros. Se ruega a los huéspedes que permanezcan dentro de los límites del campamento, a no ser que vayan acompañados por un Ranger o un oteador. Por la noche, el campamento es patrullado por el personal de turno de noche. Si necesita usted su ayuda, están disponibles para escoltarle a y desde su chalet. Gracias por su cooperación y disfrute de su estancia.”Bueno, menos lobos, caperucita. No será para tanto, pero el cartel queda muy bien a la entrada. Así que, tras rellenar los papeles en recepción, me acompaña un empleado del campamento hasta mi cabaña, y me dice que me apresure, que en diez minutos sale el primer safari ¡Bien! La verdad es que todo muy mono, con sus “bungalows” de madera, estilo Mogambo, con mosquiteras sobre las camas, un primor. Salgo de mi cabaña, la del “elefante”, porque todas tienen un animal dibujado en la entrada, en lugar de número, y me dirijo al centro del complejo, donde hay restos de una gran fogata. La guía, o “ranger” Janine Fraser, una mujer joven, enamorada de su trabajo, vestida con camisa verde y bermudas caqui-verdosas, con el pelo rubio corto y los ojos muy azules, nos está esperando en la plaza central. Ya están allí todos. Un grupo joven, formado por una pareja de alemanes, otra de holandeses, otra de canadienses y yo mismo. Lleva un rifle tipo mosquetón, de la Gran Guerra sin duda alguna. Nos dice que sólo lleva proyectiles para búfalo o elefante, por si arrancan contra nosotros, y que los otros animales, “no son peligrosos”. Y dice que vamos a ir andando, por en medio del matorral y los árboles bajos, que dificultan la visibilidad. Bueno, yo, por si acaso, me pongo en medio de la columna de a uno, porque en las películas siempre se comen al que va el último. O se hunde el primero en arenas movedizas. Después de media hora de marcha, viendo insectos, plantas y sobre todo excrementos, te preguntas por qué lo llaman safari. De verdad que esta rubia se para en cada excremento que vemos, lo toca, lo pasa alrededor y nos va explicando de qué animal es. Cilíndrico y con mucha hierba: de elefante, claro. Alargado en tubitos finos, parecidos a los de oveja, pero más largos, sin duda de jirafa. Aplastado como las boñigas de Santander o Galicia… ¿de vaca? Casi, de búfalo. Y el más curioso. Una plasta con puntitos blancos repartidos. De hiena. Son los restos de los huesos triturados que ha comido. En fin, vaya mierda de safari, o vaya safari de mierda. Y animales, ni uno, ¡eh! Eso sí, oímos a lo lejos un elefante barritar. Pero muy de lejos. También vimos restos de pisadas, los restos de la hierba aplastada donde han dormido los rinocerontes (o eso dice Janine), la senda hasta el agua de los hipopótamos o los animales que han pasado por la forma y la frescura de los excrementos. Pero, ¡si hasta tenía un cuaderno con las muestras de heces cada animalito! Ignorante de mí, como buen occidental, voy buscando los “5 grandes”, como pomposamente lo presentan publicitariamente en todos los safaris. Cuando lo que la buena de Janine hacía era hablarnos del hábitat, de los árboles, los insectos, la naturaleza en su conjunto. Esto no era un zoo, era un ecosistema completo. Pasada esa media hora, llegamos a la charca, porque allí era donde iban a abrevar los animales. Pero no debía ser la hora, porque sólo vimos tres pares de ojos, a lo lejos, dentro de la charca, pertenecientes a tres supuestos hipopótamos, que apenas se movían. Estaba esperándonos un Land Rover verde descubierto, con un oteador local. Tras otra media hora mirando a los ojos de los hipopótamos hipnotizadores, nos pusimos en marcha en nuestro desvencijado vehículo, y empezamos a recorrer caminos de tierra batida, por en medio del “bush”. Vimos muchas gacelas o impalas, que están por todas partes. También al pájaro rojo que viene desde Siberia, que ya es un trayecto, y una jirafa. Poco y de lejos. Hasta que hicimos una pausa. Probablemente para recuperarnos de las emociones fuertes que llevábamos vividas. Fue junto a un termitero gigante, abandonado, claro. Bueno, la cerveza estaba fría y el vino blanco sudafricano no es malo, y nos dieron una carne seca, típica de los “Boers” sudafricanos. También comimos fruto del Amarulo, árbol típico africano, que tienen un hueso grande dentro de una piel dura, con un sabor parecido a los lichis, y con un cierto parecido a los albaricoques. Nos dijeron que a los elefantes les encantan. Claro, ese elefante al que habíamos oído barritar. Fuimos a una segunda charca, pero tampoco había animales bebiendo. Eso sí, vimos excrementos de búfalo. Lo dicho, unos auténticos expertos en mierda. Jesús CenteneraAgerón Internacional.
  • La seguridad del aeropuerto de Beirut
    TweetComo el país era “la playa de Oriente Medio”, volaban jeques, emires y príncipes, por lo que las tiendas del aeropuerto eran de cortar el hipo, con los Hermès, Swarowski, Mont Blanc, joyerías, etc., tan caros que no ponían ni el precio (a los ricos de verdad no les interesa). Así que di varias vueltas mirando con pinta de entendido y de pudiente, pero los dependientes ni me miraban porque iba con mi disfraz de viaje a esos países. Es decir, un traje gris viejo, sin corbata, con un pequeño enganchón y con barba de cuatro días, para confundirme con el paisanaje. Ríete, pero con esa mitad siria y marroquí que tenemos los españoles, paso casi inadvertido. Finalmente, decidí dirigirme a una tienda de pulseras y collares italianos, hechos de vidrio de vivos colores, para la gente más sencilla, como su seguro servidor. Total, yo no se lo iba a decir a nadie… ¿Quién podría saber si eran de Venecia o del Oriente misterioso? Compré un juego en rojo pasión para mi mujer, y tres pulseritas para las niñas. Ahora me faltaba algo para mi padre y para mi suegra. Me voy a la de dulces árabes y frutos secos. Compro pistachos para regalar, un regalo un tanto escaso, pero muy exótico y oriental.Vamos a buscar un asiento para leer. Pero en la planta de abajo no veo sillas, ni sillones, ni nada de nada. En la escalera veo que pone un cartel hacia la planta de arriba con indicaciones hacia “Lounges” y hacia “VIP lounges”. Subo y miro a la derecha, pero no veo más que un pasillo que se pierde (que mira que es difícil perder un pasillo), así que voy hacia la izquierda, como si fuera inglés. Y aquí empieza el lío, porque el pasillo que cruzo es largo y amplio, de unos 12 metros y de ancho… ¡Unos siete! O sea, no sé si es un pasillo o una habitación vacía. A la derecha de la misma, hay unas señoritas sentadas vestidas de azafatas, de alegre conversación, porque se están riendo, como si estuvieran a la entrada de la sala VIP. Pero yo ando a paso ligero, y me queda la duda de si estoy yendo hacia la sala VIP o si voy a una sala general. Desemboca el pasillo en una habitación amplia, que puede ser una zona pública, pero que tiene un par de mesas largas con canapés. O estos libaneses son muy amables, o me acabo de colar en la sala VIP. ¿Me salgo? ¿Me como un canapé? ¿Me pongo un platito surtido? Anda que si me pillan, qué vergüenza, ¿No? Pero es que ese de queso y vegetal tiene una pinta. Espera, ¿Lo que se ve al fondo de las mesas es un bar? ¡Pues claro! Los canapés son gratis y lo que hay que pagar son las bebidas, especialmente las alcohólicas. Así que me acerco y pido una cerveza, porque aquí sí que se puede beber, respondiéndome solícito que si la quiero nacional o importada. “Importada, importada…”, digo como sin darle importancia, para que vea que no es un problema de dinero, sino de despiste. Cuando voy a pagar me dice que no es nada, que es gratis. ¡Madre mía y de mis primos tía! Entonces sí que me he colado en la sala VIP, porque en ningún lugar del mundo te pone gratis las cervezas (recuerde: “importada, importada, digo como sin darle importancia”) ¿Qué hacer? Naturalidad y disimulo. Y que mejor disimulo que servirme ese plato de canapés que estaba diciéndome lo de “cómeme, cómeme”, como decían las galletitas a Alicia en el país de las maravillas.Claro que lo malo va a ser la salida, porque las bellas señoritas igual se percatan de mi presencia. Aunque me podría hacer el sueco, pero recuerda que iba disfrazado para mimetizarme con la población local. Así que avanzo con el ficticio lema informal de la Guardia Civil: “Vista al frente, paso firme y mala leche”. Tres metros, cinco metros, siete metros, y, entonces, lo veo, por el rabillo del ojo. Se me está acercando un señor, elegantemente vestido. Tranquilo, Jordi, tranquilo. Es una casualidad. Nueve metros. Ya casi estoy. Y, entonces, me aborda. Me pregunta en árabe que si hablo árabe. Lo cual demuestra que en técnicas de camuflaje un diez, y en sigilo un cero. Es algo así como “tatakalá arabiyá” que no es que si soy de Cuenca (que no lo soy). Le respondo, casi sin mirarle, “la, la”, que quiere decir que no, no, como Massiel. Y entonces me saluda en inglés ¡Horror, terror y furor!, tiene en sus manos una carpeta con una foto mía sacada por una cámara del aeropuerto, disfrazado con mi traje gris y mi barba de varios días. Are you Mr. Centenera? (¡Hasta mi nombre! ¡Y tiene mi foto!) Could you please come with me? Al bajar las escaleras, se dirige hacia la tienda de cuentas y abalorios donde había estado previamente y veo que la señorita me saluda muy contenta. ¡Qué raro es todo esto! Hasta que me aclara que me había dejado la bolsa con las compras de las pulseras y el collar, tras haber pagado. Ya, ya sé, que hay que ser muy tonto para comprar algo, pagar e irse, pero me pasa a veces, aunque nunca con un sistema de vigilancia y seguridad tan bueno como el del aeropuerto de Beirut, que con mi nombre y mi foto me habían localizado y habían sido tan amables de escoltarme. Claro que eso dejaba sin resolver el tema de si la sala era la VIP o una general, pero a esas alturas ya corría hacia el control de seguridad sin mirar atrás, por si acaso. Total, por una cerveza, (aunque fuera importada), vaya mal rato que había pasado. Recuerde, asegúrese siempre de preguntar antes de entrar en las salas del aeropuerto, o viaje en primera siempre, como los ricos y famosos, para no tener problemas.Jesús CenteneraAgerón Internacional.
  • Hubo una Siria antes de la guerra
    TweetCarreteras y baños en 2008
  • Del volcán al dragón
    TweetUn viaje iniciático a la China milenaria en 2010
  • El transiberiano (V)
    TweetÚltimo tramo de tren hasta Mongolia
  • El transiberiano (IV)
    TweetDe Moscú a Ulan Bator. 2009. (IV)
  • El transiberiano (III)
    TweetDe Moscú a Ulan Bator. 2009. (III)
  • El transiberiano (II)
    TweetDe Moscú a Ulan Bator. 2009. Ekaterimburgo
  • El transiberiano
    TweetDe Moscú a Ulan Bator. 2009
  • La paciencia necesaria en las búsquedas de gabinete
    TweetDe la escritura cuneiforme
  • El reyezuelo criminal del Batavia
    TweetDe lo complicada que es la política de personal y expatriados
  • La internacionalización: tres tristes tópicos tropicales como pretexto (III)
    TweetDe la moda de los BRICS como únicos destinos
  • La internacionalización: tres tristes tópicos tropicales como pretexto (II)
    TweetDel infinito potencial de internet y las redes sociales
  • La internacionalización: tres tristes tópicos tropicales como pretexto (I)
    TweetDe la necesidad de vender sin intermediarios
  • El Mariscal Rondon cruzando la Amazonía
    TweetDe lo inabarcable del Brasil
  • Como agua para chocolate
    TweetDe la cocina como elemento cultural y del recuerdo
  • E pluribus unum
    TweetDe los Estados Unidos y lo complejo que es comprender la realidad (II)
  • I like to be in America, okay by me in America
    TweetDe los Estados Unidos y lo complejo que es comprender la realidad (I)
  • De qué color es la piel de Dios
    TweetDel factor racial para entender la realidad
  • La carga de la caballería polaca contra los tanques
    TweetDe las creencias falsas que nunca mueren porque a todos interesan
  • Millones de muertos de 1914 a 1945
    TweetDe la fatal falta de información y los errores de cálculo
  • La explosión de la era de los descubrimientos
    TweetDe los intermediarios en el comercio internacional
  • El Papa Francisco
    TweetDe la importancia de la religión para entender otras culturas
  • UCRANIA
    TweetDe las dos almas de un país y de un tercero en discordia
  • Los viajes de Ibn Battuta
    TweetDe la variedad del mundo musulmán
  • Los Papalagi caídos del cielo en Samoa
    TweetDe cuando nuestro mundo es pequeño
  • La máquina de predecir eclipses
    TweetDe la tecnología que usamos (o no)
  • El caso Bourne
    TweetDe no olvidarse de lo importante en la vida
  • Julio César y la Guerra de las Galias
    TweetDe la promoción de las empresas de servicios
  • El motín de la Bounty
    TweetDe situaciones extremas con el personal
  • El Conde de Lapérouse desaparece en el Pacífico
    TweetDe las copias de seguridad
  • Waldseemüller, Américo Vespucio y el poder del sexo
    TweetDe las presentaciones brillantes de los estudios realizados por mis alumnos
  • El “Arte de tener razón” de Schopenhauer
    TweetDe la utilidad de la filosofía ante las críticas injustificadas a un estudio
  • Simon Wiesenthal
    TweetDe la imposible justicia ante el horror del Holocausto
  • Los guerreros de Terracota de Xi’an
    TweetDe cómo apreciar la información subliminal
  • El rescate de los hombres de Shackleton
    TweetDe las consultoras de estudios de mercado en medio de la crisis
  • Varios cuadros de Sudáfrica
    TweetDe la importancia de la historia
  • El cautiverio de Colón
    TweetDe la absurda situación de un cliente desnortado
  • Erik el Rojo
    TweetDe cómo hicimos un estudio de países escandinavos
  • Freya Stark y el viejo de la montaña
    TweetDe cómo una becaria se convierte en socia en una consultora de estudios de mercado
  • La travesía de la Kon-tiki
    TweetDe las técnicas experimentales y “el mystery shopping”
  • El elegante y trasnochado decimosexto Duque de Rayfields
    TweetDe los vertiginosos cambios del entorno internacional
  • Howard Carter y la tumba de Tut-Anj-Amón
    TweetDe los inicios de los estudios de opinión pública y de mercados en España
  • El motín de Lope de Aguirre en el río Marañón
    TweetDe lo particular y lo universal 
  • Neil Armstrong. El primer hombre en la Luna
    TweetUn estudio de mercado para la imagen de Polonia
  • Aquiles el pélida, el de los pies ligeros
    TweetFormación: Elegía por la generación “indignada” y perdida
  • Tombuctú: la leyenda de la ciudad mágica del desierto
    TweetCuando nos negamos a aceptar la realidad de los datos
  • Mi fascinante viaje al pasado romano en el Mediterráneo
    TweetSistematización de las búsquedas de información
  • En los confines del mundo con Alejandro Magno
    TweetDe cómo decir “ya basta” al cliente
  • El Doctor Livingston, supongo
    TweetDe los contactos que se hacen en los estudios de mercado
  • El poblamiento de Nueva Zelanda por los Maorís
    TweetDe los estudios de los “Dominios” anglosajones
  • Burke y Wills: perdidos en el Gran Desierto Australiano
    TweetDe errores acumulados a evitar en un estudio de mercado
  • La Gran Aventura de la Humanidad
    TweetDe la necesidad de una muestra suficiente del universo
  • El hombre de hielo de los Alpes
    TweetDe la “Verdad” y las interpretaciones de los datos de un estudio
  • El capitán Cook cartografía el Pacífico
    TweetDe cómo realizar un estudio a lo largo de 6.916 km
  • De los mapas del África misteriosa en el celuloide
    TweetDe los datos macroeconómicos sin desagregar
  • La desdichada expedición de Franklin en el Ártico
    TweetDe irregularidades en los concursos de contratación
  • Pedro de Valdivia y la conquista de Chile
    TweetDe lo importante que es contar con financiación de terceros
  • El fascinante espía Alí Bey
    TweetDe los estudios de mercado en Oriente Medio
  • Una misionera victoriana en el Níger
    TweetDe los estudios de asociacionismo
  • La conquista del Everest
    TweetDe la importancia de un buen socio local
  • Lewis y Clark
    TweetDel conocimiento del verdadero cliente
  • Enrique el Navegante
    TweetDel análisis de la información
  • Las fuentes del Nilo
    TweetDe la relevancia de una presentación adecuada
  • Los viajes de Zheng He
    TweetDe las claves de un trabajo de campo bien hecho
  • Jasón y los Argonautas
    TweetDe la necesidad de un buen equipo de trabajo
  • Juan Sebastián El Cano contra el griego Eratóstenes
    TweetDe la utilidad del trabajo de gabinete
  • La muerte del capitán Robert Scott en el Polo Sur
    TweetDe los requisitos de planificación correcta de un estudio de mercado
  • Los viajes de Marco Polo
    TweetPlanificar un estudio de mercado
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner