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Crisis y Renta: empobrecimiento de una sociedad

Más allá de dónde situemos el inicio de la crisis 2007/2008, lo importante es dónde ponemos su finalización y cuáles son las condiciones que deben darse para ello. Hay que dejar muy claro que una cosa es finalizar la recesión y, otra, es salir de la crisis, lo que no se producirá hasta que no alcancemos unos niveles de renta y empleo equivalentes a los del inicio. El indicador por excelencia de la evolución de la riqueza de un país y sus ciudadanos es su PIB, muy especialmente su PIB “per cápita” y cómo varía éste en función de los distintos territorios.

Como se puede apreciar desde 2008 a 2015, el PIB ha caído en términos absolutos en 32.017millones de euros. Sólo a partir de 2013 empieza a crecer de nuevo y de manera más intensa en 2015. En términos de variación anual la crisis se manifiesta en forma de W, siendo la segunda rama mucho más amplia ya que los efectos de la recuperación son más lentos. Una primera conclusión es que tenemos un país más pobre al finalizar 2015 que el que teníamos en 2008. Y cada persona ha perdido en su renta 1.000 euros desde 2008 a 2015.

Otro dato significativo es cuánto contribuye cada Comunidad Autónoma al PIB nacional, tanto en términos absolutos como en relación a su población. Véase el ejemplo de Cataluña y Madrid como las que más contribuyen, mientras que madrileños y vascos son los que más riqueza generan.

La distribución de la renta constituye un elemento fundamental para conocer las dinámicas que alimentan el crecimiento económico y el bienestar de la población. Este principio redistributivo se encuentra consagrado en nuestra Constitución al configurar nuestro país como un Estado social y democrático de derecho, estableciendo en su art. 40.1 que “Los poderes públicos promoverán las condiciones favorables para el progreso social y económico y para una distribución de la renta regional y personal más equitativa, en el marco de una política de estabilidad económica. De manera especial realizarán una política orientada al pleno empleo”

El análisis de la distribución de la renta en España durante el período que estamos considerando, en el que atravesamos una grave situación económica, nos permitirá analizar el deterioro de los ingresos de las familias, la caída de la demanda, las dificultades de supervivencia de las empresas, especialmente las PYMES, el descenso de la recaudación y cómo ha incidido todo ello en la distribución de la renta y el crecimiento económico.

Al fijarnos en la composición del PIB nos encontramos que en él se incluyen: a) Las rentas del trabajo que son la suma de todo lo percibido por los trabajadores de un país en concepto de salarios y b) Las rentas del capital que serían el conjunto de lo obtenido por el capital en concepto de beneficios, intereses y dividendos.

Las rentas de trabajo en la conformación del PIB han ido perdiendo peso mientras aumenta el peso de las rentas del capital y los excedentes empresariales, siendo más pronunciado su descenso a partir de 2011. Según los datos de la nueva Contabilidad Nacional, desde la óptica del reparto de las rentas que genera la economía, las remuneraciones de los asalariados sólo representaron en 2014 (último ejercicio completo disponible) el 47,1% del PIB a precios de mercado.

En la medida que una parte de las rentas del trabajo no se imputan como tal –las correspondientes a los trabajadores por cuenta propia- se podría interpretar que éstas siguen por encima de las del capital, lo que las mantendría por encima del 50% del PIB, pero eso sería objeto de una estimación y no del dato. En cualquier caso sí es relevante que en los últimos años y agudizada por la crisis las rentas de los asalariados han ido perdiendo peso en el PIB, pero esto no sólo ha pasado en España sino en el conjunto de los economías.

Uno de los factores, según los expertos, que intenta explicar esa disminución de las rentas del trabajo en el PIB es el tecnológico. Desde esta óptica, la hipótesis más contrastada es la que defiende que el capital y el trabajo cualificado son factores de producción complementarios, y que ambos son sustitutos del trabajo no cualificado. Ello implicaría un progreso tecnológico que aumentaría la eficiencia del capital y la mejora de la cualificación de los trabajadores, algo habitual en los países desarrollados, que haría que la demanda de empleo no cualificado y sus salarios se redujeran significativamente.

En la medida en que esta reducción fuese mayor que el incremento del empleo y los salarios en el sector de trabajo cualificado, se produciría una reducción de la participación agregada de las rentas del trabajo en el PIB. Pensemos en España donde el empleo que se genera es con menores salarios El SMI correspondiente a 2014 fue de 9.034,20 euros anuales, es decir 645,3 euros mensuales en 14 pagas. El 45% de los asalariados percibe una retribución inferior a dos veces el SMI, es decir no llegan a los 1.300 € brutos anuales (de estos el 13% no llega a los 645€), con estos niveles salariales se hace difícil no sólo mantener una familia (los gastos inherentes a ella), tampoco se pueden mantener los ingresos del estado, ya que cae la recaudación por IRPF, menor consumo y por tanto el IVA, etc. Es necesario recuperar niveles de renta, y sobre todo de renta disponible y ahorro de los hogares para consolidar una incipiente recuperación que todavía a mediados de 2016 no acaba de despegar.

Es especialmente significativo que el mayor número de mujeres, respecto a un mismo salario, se agrupe precisamente en los salarios más bajos. Las mujeres sólo superan a los hombres en los tramos inferiores a dos veces el SMI, a partir de ahí siempre hay mayor número de hombres. Una brecha más que ahonda en las desigualdades existentes en nuestra sociedad.

La Renta Disponible Bruta de los hogares es la Renta Bruta más el saldo de las transferencias corrientes (impuestos sobre la renta o el patrimonio, cotizaciones sociales, prestaciones sociales y otras).

Esta renta de los hogares, que había venido creciendo ininterrumpidamente desde la segunda mitad de los años noventa, inicia un ciclo descendente en el año 2008 debido a la contracción de la remuneración percibida por los asalariados y de la renta mixta de los hogares que provoca sucesivas tasas de decrecimiento sobre su renta primaria y disponible hasta el año 2013, iniciándose su recuperación en 2014. Con los datos correspondientes del INE, la renta disponible bruta de los hogares está muy por debajo de los niveles correspondientes al inicio de la crisis.

Un hecho importante y que no podemos obviar al ver cómo en España crece más que el resto de países de la eurozona, es que estos ya han alcanzado el nivel de riqueza previo a la crisis, mientras aquí solo hemos empezado a crecer realmente desde 2014, vamos lentos y muy por detrás de nuestros vecinos.

Por último, como una constatación más de cómo la crisis no ha sido resuelta y la consecuencia de la misma ha sido un empobrecimiento del conjunto de los ciudadanos y por tanto del país, es la evolución de la renta disponible neta por habitante. La renta disponible neta se obtiene descontando a la Renta Nacional Disponible Bruta el Consumo de capital fijo (o depreciación).


José Luis Fernández Santillana
Director del Servicio de Estudios de USO

 

Coyuntura Bursátil

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